La Doctrina Trump – La Tercera

Columna de nuestro director de investigación Álvaro Iriarte en Voces de La Tercera sobre La Docrina de Trump

 

Cada vez que una nueva administración llega a la Casa Blanca busca imprimir un sello propio a Estados Unidos, y por qué no decirlo, influir decisivamente en el rumbo de la comunidad internacional.

Por lo general, durante la campaña presidencial los futuros presidentes sientan las bases de lo que será su línea de acción, fijando las ideas matrices en un cuerpo más o menos articulado. La gran mayoría de las veces existe una gran diferencia entre lo que se dice durante la campaña y lo que efectivamente se hace al mando de la nación más poderosa del mundo. Por esta razón, no se deben considerar en exceso las declaraciones emitidas durante la campaña como un adelanto de la gestión en la Casa Blanca.

Mientras los analistas se aprontan por la llegada de la administración Trump, es imposible evitar una pregunta ¿existe lo que podríamos llamar la “Doctrina Trump”? Algunos expertos estiman que adoptará una actitud aislacionista, volviendo a la línea seguida por los Estados Unidos desde sus inicios y hasta la Guerra con España en 1898. Otros analistas sostienen que probablemente tome como eje el enfrentamiento con el radicalismo islámico, acercándose, en palabras de Samuel Huntington, a un verdadero “choque de civilizaciones”. Finalmente hay quienes esperan que el nuevo gobierno ponga el énfasis en los asuntos domésticos, dejando todo otro tema subordinado a la política nacional. 

Algunos elementos parecen estar presentes en el discurso del nuevo presidente, pero sin llegar a adoptar por ahora la configuración de una “doctrina Trump”; elementos que fueron delineados en el discurso inaugural. En primer lugar, mantuvo su fuerte crítica a la élite política, posicionando como el antagonista de aquellas y el representante del pueblo estadounidense: “hoy no solamente estamos transfiriendo el poder de un gobierno a otro, o de un partido a otro, estamos transfiriendo el poder de Washington para devolvérselo a ustedes, ciudadanos estadounidenses”. Por otro lado, existe una fuerte retórica nacionalista, tanto en materia política como en aspectos económicos, acompañada de una suerte de militarismo, claramente articulado al señalar que:Por muchas décadas hemos enriquecido a la industria extranjera a expensas de la industria estadounidense; subsidiado las armas de otros países, mientras permitíamos la reducción y el deterioro de nuestro ejército; defendimos las fronteras de otras naciones, mientras nos negamos a defender las nuestras, y gastamos billones de dólares en el exterior mientras la infraestructura de Estados Unidos se deterioró y cayó en mal estado”.

En términos políticos, Trump es una figura que trasciende el bipartidismo de los Estados Unidos, capaz de apelar a una cierta base demográfica más allá de la identificación con los dos grandes partidos. Desde una perspectiva personal, conoce el arte de la negociación y no es de extrañar que el uso de la retórica, con declaraciones consideradas fuertes o extremas, sea tan solo una suerte de estrategia para comenzar a conversar con su contraparte. Con estos elementos en juego, pareciera que el Presidente de Estados Unidos siente agrado por lo impredecible, escenario donde puede desplegar toda su personalidad y capacidad negociadora para convertirse en el factor decisivo.

¿Qué se puede esperar? Curiosamente, lo inesperado. Estados Unidos y el mundo tendrán que esperar para ver si existe una doctrina Trump, y en caso de ser afirmativo, cuál es su contenido.