Principialismos de café – La Tercera

Columna de opinión de Jorge Acosta en Voces La Tercera sobre la candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic. 

La DC está sometida a la mayor encrucijada sobre su rol en el escenario político chileno desde su escisión del Partido Conservador.

Suena fuerte, pero no menos considerable que la descripción de los hechos: por primera vez en más de tres décadas los democratacristianos han decidido separarse de la izquierda para tomar un camino propio en las elecciones presidenciales.

Y hay algunos signos que harían pensar que se lo estarían tomando en serio.

Las claras posturas que en estos días ha manifestado su candidata presidencial, Carolina Goic, han sido un verdadero caldo de cultivo para las críticas de sus, hasta ahora, aliados oficialistas. Y con razón ha causado ronchas, porque ella ha pegado donde las diferencias duelen, por lo marcadas que son.

La senadora Goic sacó la voz por los enfermos. Dijo que no se puede dejar de responder a las necesidades de la gente por ideología y que era fundamental potenciar las alianzas público-privadas. Se echaron abajo seis hospitales, dijo con escándalo, por sesgos ideológicos.

Al día siguiente, las críticas al Gobierno de Bachelet siguieron, esta vez con respecto a la crisis venezolana. Goic pidió el retorno permanente del embajador chileno en Caracas debido a las reiteradas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos que se están cometiendo por la dictadura de Maduro. No podemos permanecer inmóviles, denunció la parlamentaria.

El discurso era perfecto y coherente. Incluso, la candidata salía jugando a lo grande al acuñar un concepto marquetero y pegajoso para describir la causa de todos los males del gobierno: el “idelogismo de café”. Ese que está separado de la realidad, sólo iluminado por sí mismo. La ideología es fe revelada y todo es posible justificado en ella, porque el papel aguanta mucho, sobretodo si se hace acompañado de un rico y calentito café servido en algún despacho gubernamental.

Hasta aquí, la candidata DC había hecho su mejor semana desde que anunció sus pretensiones presidenciales en enero y ya muchos se imaginaban que estaba funcionando el plan para despegarse del margen de error en las encuestas. Pero, todo se derrumbó.

Después de esta puesta en escena, vino la prueba de fuego. La senadora Goic presidía la comisión de salud del Senado y se debía votar la ley de legalización del aborto, que cuenta con la expresa condena del V Congreso Ideológico de su partido.

Era el momento estelar para ratificar que el principio de respeto a los derechos humanos no sólo se defendía para aquellos que eran violentados en dictaduras en el extranjero, sino que también al interior del vientre materno. Lógico.

Asímismo, no había que desaprovechar la oportunidad de estar al lado de los enfermos, no sólo de quienes pueden morir esperando a ser atendidos en hipotéticos hospitales estatales, sino también de aquellos que podrían fallecer poco después de nacer por patologías congénitas letales. Había que defenderlos de los ideologismos sesgados que los consideraban de segunda categoría por estar gravemente enfermos.

Lamentablemente, Carolina Goic optó por la inconsecuencia con los principios que dice defender la DC. Argumentó que el respeto a la vida del niño por nacer era mera cuestión de opinión. Que cada uno decida, dijo. Como si la defensa del primer derecho humano, la vida, dependiera de la simple voluntad de otro. Como si las vidas de los más indefensos fueran prescindibles.

Esta semana, la candidata presidencial de la DC inventó un concepto genial, el ideologismo de café. Y sin darse cuenta, con su actuar permitió reconocer otro término similar en inconsistencia: el principialismo de café.

Demostró, en los hechos, que a la hora de defender los principios de su partido, estos parecen buenos para los Congresos Ideológicos y malos a la hora de votar leyes. En las reuniones partidistas se reflexiona sobre teorías abstractas, para luego redactar sesudos documentos, alrededor de un cafecito. No obstante, no son lo suficientemente fuertes como para defenderlos cuando más se necesita. Son principios que sirven para declaraciones doctrinales, pero que se olvidan a la hora de defender personas concretas.

Fuente: La Tercera.