May y una apuesta peligrosa – La Tercera

Columna de opinión de Álvaro Iriarte sobre las elecciones de Reino Unido en Voces de La Tercera.

 

En 2016 Reino Unido concitó portadas y programas especiales con su decisión de abandonar formalmente la Unión Europea y con la inesperada renuncia de David Cameron al cargo de Primer Ministro. En este turbulento escenario Theresa May se convirtió en la segunda mujer en liderar al Partido Conservador y convertirse en Primer Ministro de Reino Unido.

May decidió convocar anticipadamente elecciones generales, previstas para el 2020. ¿Qué buscaba la Primer Ministro con este movimiento? La decisión tuvo por fundamento el mismo acontecimiento que permitió su ascenso a poder: el Brexit. Reino Unido debe negociar con la Unión Europea su salida del bloque, en lo que a todas luces promete ser un largo proceso, intenso y plagado de conflictos. Por esta razón, la líder de los conservadores apostó a aumentar la mayoría del Partido Conservador en la Cámara de los Comunes como una forma de fortalecer su estrategia de negociación, toda vez que sería una desventaja negociar con la presión de la elección en 2020.

Adicionalmente se trataba de una oportunidad para que May cerrara las disputas internas en el partido, tras el referéndum que aprobó la salida de la Unión Europea. Si bien en estos meses ha tratado de imprimir un sello propio al gobierno conservador, solo una victoria en esta elección le permitiría levantar su propia agenda y visión de lo que quiere para Reino Unido más allá del Brexit.

La Primer Ministro decidió apelar a un profundo sentimiento de unidad bajo el concepto de “fuerte y estable”, que se aplica por igual a temas domésticos e internacionales. Los conservadores tomaron el gran desafío de mostrar a sus votantes que el Brexit debe abordarse como una gran oportunidad para recuperar el dinamismo de la nación que fuera pionera en la revolución industrial y el comercio internacional, a la par con mantener la responsabilidad fiscal y generar incentivos mediante la política tributaria, así como destacar el papel de Reino Unido en el concierto internacional. De otro lado, los laboristas liderados por Jeremy Corbyn levantaron una propuesta estatista y populista, distante de la Tercera Vía de Tony Blair y más bien afín al socialismo del siglo XXI, versión europea.

Después de estar 20 puntos sobre los laboristas en las encuestas, los conservadores lograron la mayoría, pero insuficiente para formar gobierno por sí solos. Los conservadores trataron de capitalizar el resultado del Brexit, pero claramente no alcanzó. Hubo otros temas que permitieron a los laboristas recuperar terreno y que privaron a los conservadores de la mayoría para gobernar con exclusividad.

Los resultados son, al menos parcialmente, una derrota para la primera ministra y su partido, que no obstante ello sigue siendo el más votado (42,4%) y tiene 318 de 650 escaños. Por lo pronto afectarán el proceso del Brexit, y a la vez que nos recuerdan que las ideas de la izquierda populista pueden penetrar incluso la tierra de Margaret Thatcher. Pero la gran perdedora de la jornada es Theresa May: su posición queda debilitada al interior del partido, los conservadores pierden asientos en la Cámara de los Comunes, los laboristas de Corbyn aumentan su votación (40%) y se acercan al Partido Conservador, alzándose como una verdadera alternativa de gobierno.

No hay duda que este nunca fue el escenario que May consideró al convocar a la elección. Los conservadores deberán decidir ahora cómo enfrentar la situación, y ya hay voces que llaman a un cambio en el liderazgo.

 Fuente: La Tercera