Venezuela, elección con dos caras – El Imparcial

Columna de opinión de Alejandro San Francisco en El Imparcial sobre las elecciones de gobernadores en Venezuela. 

Este domingo 15 de octubre hubo elecciones de gobernadores en Venezuela. Lo que podría haber sido una fiesta de la democracia en condiciones de normalidad, lamentablemente se ha transformado en un hito más dentro de la polarización y desconfianzas que vive esa sociedad. Sin perjuicio de ello, es posible sacar algunas primeras conclusiones del proceso, aunque resulte imposible predecir hacia dónde irán los próximos pasos de un gran país sumido en una profunda crisis.

El primer ganador del domingo, desde el punto de vista político, es Nicolás Maduro y el chavismo. Si durante más de cien días el gobierno venezolano apareció acorralado por las masivas protestas sociales, que costaron más de cien muertos, centenares de heridos y llevó a las calles la lucha política, en los últimos meses la situación se revirtió. Maduro logró retomar el control de la agenda, primero con la convocatoria a la Asamblea Constituyente y luego con su golpe de Estado contra la Asamblea Nacional. Como resultado, siguió con el control total de los poderes del Estado y la nación latinoamericana prácticamente desapareció de la prensa internacional. Su llamado a las elecciones a gobernadores, que llevó a una disputa opositora sobre qué hacer -si participar o no-, es la prueba más elocuente de la capacidad del Ejecutivo por retomar la agenda y volver a liderar los procesos.

En cuanto a la elección misma y la participación opositora, la situación es más compleja. Importantes líderes como Antonio Ledezma y Corina Machado señalaron que era absurdo participar en un proceso controlado de principio a fin por el chavismo, que no daba garantías de transparencia y, por el contrario, parecía estar claro que el régimen obtendría resultados favorables, a pesar de la mayoría opositora contra la administración bolivariana. Por el contrario, figuras como Leopoldo López y Lilian Tintori llamaron a votar, ellos mismos lideraron la participación en las elecciones. Con ello se produjo una grieta en una oposición que tenía como uno de sus principales logros el haber generado un proceso de unidad de objetivos y de medios para enfrentar a Maduro, en circunstancias adversas, con algunos de los suyos presos o en el exilio, amenazados y perseguidos. Lograr dividir a la oposición es otro punto para Maduro.

El día de las elecciones, el discurso del chavismo desde la mañana a la noche, fue sistemáticamente el mismo: desde el inicio de la revolución bolivariana se había realizado 22 procesos electorales, lo que mostraba a una democracia en desarrollo, mucho mejor que otros países de la región que se atrevían a dar lecciones a Venezuela; el gobierno reconocería los resultados, fueran cuales fueran, y llamaba a la oposición a hacer los mismo; finalmente, que las nuevas autoridades deberían prestar su juramento ante la Asamblea Constituyente. Con esto lograría que la institucionalidad chavista recién renovada tuviera un reconocimiento de todos los sectores, marcando un punto de inflexión frente a la ilegitimidad del proceso, denunciada por la oposición en julio pasado. Se trata de un discurso político bastante coherente, en la línea del chavismo duro, que repetían los líderes de la revolución, cualquiera fuera su posición dentro del régimen.

En cuanto al proceso mismo, es difícil -con los antecedentes actuales- poder determinar si existió fraude o no lo hubo. Sí resulta claro observar que no existen las características propias de los regímenes democráticos normales, con poderes del Estado independientes y un sistema electoral autónomo. Así lo ha denunciado Luis Almagro, secretario general de la OEA: “No se pueden reconocer los resultados de una elección en un país en el cual no existen garantías para el ejercicio efectivo de la democracia”. Sobre el mismo tema estimó necesario “expresar el escepticismo y denunciar la falta de garantías que son recurrentes en actos electorales que hacen las dictaduras”.

La situación, poco después de las elecciones de gobernadores, es incierta. Si bien están previstas elecciones presidenciales para el 2018, la verdad es que la Asamblea Constituyente ha asumido plenos poderes, que le permitirían redefinir el nuevo orden institucional venezolano, reorganizar los procesos electorales o crear nuevas formas de generación de las autoridades. No se debe descartar que, tal como ocurrió con la abolición de la Asamblea Nacional -de mayoría opositora, de carácter plural y con origen democrático-, el poder bolivariano decida ceder algunas cosas menores, pero siempre con la estrategia clara e que no se transa: hay que conservar el poder.

En este sentido deben entenderse las declaraciones de Maduro después de las elecciones, que recuerdan las teorías del Che y Fidel Castro en la década de 1960: el mando político y el militar deben estar unificados y tener una sola dirección. Esto, seguramente, frente a quienes pierden la fe en los procesos electorales y ven en los uniformados la única fórmula posible para salir del régimen chavista.

No cabe duda que la oposición ha recibido un golpe importante en los últimos días: a su ánimo, a sus liderazgos, a sus definiciones políticas. El gobierno, como contrapartida, ha tenido su primera victoria en mucho tiempo, al llevar agua a su molino y lograr embaucar a la Mesa de Unidad Democrática en un proceso que, hasta el momento, sólo ha tenido costos para la oposición. Veremos qué pasa en los próximos días con las eventuales auditorías a las elecciones, “proceso electoral fraudulento sin precedentes en nuestra historia”, a juicio del MUD. En cualquier caso, que las elecciones del domingo 15 de octubre no opaquen la crisis económica, social y humanitaria que todavía afecta gravemente a Venezuela, tras casi dos décadas de revolución bolivariana.

 

Fuente: El Imparcial de España.