Un año con Mr. Trump – La Tercera

Columna de opinión de Álvaro Iriarte sobre el año de Donald Trump en el gobierno de Estados Unidos. 

El 20 de enero de 2017, Donald J. Trump asumió como el 45 presidente de los Estados Unidos de América.

A un año de aquel acontecimiento, los análisis y reflexiones desde diversas perspectivas y con los más variados acentos han copado los medios internacionales. Un aspecto que no debería ser pasado por alto es de qué manera la llegada de Trump a la Casa Blanca afectará en el mediano y largo plazo al Partido Republicano, y más aún, a la centroderecha o al movimiento conservador norteamericano.

Desde la segunda mitad del siglo XX “los conservadores” estadounidenses han tenido un largo proceso que los ha llevado a convertirse en mayoría social, política y electoral, y muchas veces incluso cultural. El ascenso de la derecha republicana tiene un contexto más bien profundo, que recoge las tradiciones -en sentido amplio- conservadora y liberal.

En 1944 el austriaco Frederick von Hayek, profesor de economía en la London School of Economics, publicó su influyente libro Camino de Servidumbre. En él entregó herramientas para una defensa moral de la economía de mercado, junto con aportar argumentos para una crítica de la economía centralmente planificada desde la perspectiva de la tradición liberal.

Whittaker Chambers, un exactivista comunista, publicó en 1952 su historia de vida, en la que detalla su seducción por el comunismo, la desilusión de esta ideología y su eventual y paulatina conversión a la libertad, a Occidente y finalmente a Dios. En su texto planteó la disputa entre la democracia y el comunismo como un capítulo más de la eterna lucha entre el bien y el mal, una dicotomía repetida en los años de la Guerra Fría.

Con la publicación de Una mente conservadora en 1953, Rusell Kirk dotó al pensamiento de centroderecha de tonelaje intelectual, trazando sus orígenes históricos hasta el político y pensador inglés Edmund Burke.

Se trata de un movimiento con ideas definidas, con penetración social y arraigo cultural, que fue ganando fuerza hasta convertirse en la filosofía política por excelencia de la derecha norteamericana. Esta evolución explica en gran medida el éxito de la centroderecha de los Estados Unidos en comparación con sus pares de la Europa continental -con la notable excepción de Alemania- y en otras latitudes del mundo, como es el caso de América Latina. La derecha norteamericana tiene peso intelectual, un corpus de ideas más o menos definido, que también se ha manifestado con peso cultural y electoral.

Trump es el primer presidente republicano desde 1960 que no adscribe a esta tradición de pensamiento político, al menos parcialmente. Es verdad que ganó la primaria republicana, y luego la presidencia como abanderado de dicho partido, pero no era un misterio que se trataba de un outsider. Sin embargo, su discurso vuelve a poner en el horizonte de la centroderecha el proteccionismo económico, el aislacionismo en materia internacional y un rol más activo del Estado y de los poderes de la institución del presidente. Estas ideas, de alguna manera, estaban fuera del pensamiento mayoritario en el sector, o por lo menos en una larga hibernación.

Lo anterior explica la interesante disputa por la hegemonía intelectual al interior de la derecha en Estados Unidos. El tema de fondo es, precisamente, si la figura y personalidad de Trump tendrán la fuerza para dar nueva forma y redibujar los límites del pensamiento político que nutre al Partido Republicano, y más en extenso, al sector político que representa.

Hay mucho en juego en esta batalla, y la izquierda política lo tiene claro. Por ello no es de extrañar su estrategia, sencilla pero muy eficaz: comunicacionalmente han dedicado todos sus esfuerzos a identificar el pensamiento del sector con el discurso de Trump, para minar el alcance y penetración de estas ideas en el público estadounidense, al explotar la impopularidad del Presidente y extenderla a los republicanos y a la centroderecha. Se trata de transformar a un movimiento político con tonelaje intelectual en una caricatura, como es la imagen de la personalidad del mandatario, que en buena medida él mismo se ha encargado de construir.

Para bien o para mal, la presidencia de Trump ha puesto en movimiento una profunda discusión intelectual en la derecha norteamericana, cuyo impacto de seguro trascenderá las fronteras de Estados Unidos. Ya veremos cómo se desarrolla esta historia.

 

Fuente: La Tercera.