La derecha a ojos de la izquierda – El Líbero

Durante las últimas tres décadas, un sector de la izquierda nacional ha sido extremadamente hábil en construir una imagen pública categórica y draconiana sobre la derecha chilena.

Este constructo no es representativo del verdadero ideario, configuración y de las personas que forman parte de la centroderecha, aunque existan algunos de sus miembros que hayan contribuido a que dicho mito sobreviva, con algunas acciones que alimentaron la caricatura que la izquierda ha instalado.

No obstante, la derecha es responsable de una significativa deuda política que ha causado un importante daño en su imagen frente a la opinión pública: sus omisiones ante la crítica doctrinaria, muchas veces aceptando que la definan, y no corrigiendo frontalmente y con firmeza cuando se describe como propio algo que no lo es. Uno de los clásicos ejemplos que grafican con claridad cómo entiende la izquierda a la derecha, lo encontramos en la economía y el modelo de desarrollo.

Aquí el paradigma muchas veces se transforma en una historieta de buenos y malos: la derecha supuestamente promueve un sistema que permite favorecer a empresas particulares (muchas veces de sus propios familiares o amigos) con el único fin de enriquecer a los dueños. Los beneficios para el resto del país llegarían, eventualmente, por rebalse. En ocasiones, esta narrativa se complementa con unas pinceladas de lucha de clases: el empresario odia a los sindicatos, oprime a los trabajadores y no quiere que éstos se eduquen, porque necesita mano de obra dócil y barata.

Para muchos, esta descripción puede parecer sacada de polvorientos libros sesenteros, pero la realidad es otra. Frases más cavernarias que estas se escuchan a diario en los programas de opinión de las radios y en los foros de discusión en internet. Una situación que graficó con nitidez la vitalidad de esta particular imagen de la derecha que proponen algunos sectores de la izquierda quedó plasmada en la polémica sobre el “facho pobre”, que se tomó las redes sociales después de la elección de Sebastián Piñera como Presidente de la República en diciembre pasado.

Para la izquierda es sinónimo de “desclasado” aquel personaje que, no siendo rico, promueve las ideas de la libertad, el progreso y el emprendimiento. Gente así, dicen, simplemente son unos arribistas que traicionan las reivindicaciones de su clase por intentar congraciarse con los poderosos, para obtener una prebenda.

Frente a esto, el desafío de la centroderecha es claro: debe entregar su propia definición de lo que significa pertenecer a ese sector político y no entregarle en bandeja la definición a la contraparte. Lo que no se disputa en el debate público, se otorga.

Se hace necesario, entonces, saldar esa deuda histórica con lo que algunos llaman relato y salir a decir con contundencia que las ideas de la centroderecha promueven el desarrollo humano, la libertad y la justicia, entre otras cosas a través de la igualdad de oportunidades, la meritocracia, la competencia, el libre acceso a la información y el progreso colaborativo entre lo público y lo privado.

Todo lo anterior se resume en la defensa de principios y no de privilegios, promoviendo el mercado libre y no el “capitalismo de amigos” (crony capitalism), fomentando el crecimiento económico con el objetivo de alcanzar mayor progreso social y la derrota a la pobreza, terminando con las discriminaciones injustas que causan tanto daño y frustración.

Aquellos que se dediquen a difundir esta cosmovisión de la centroderecha, más justa con su realidad que la pregona la izquierda, serán quienes de seguro podrán cosechar una mayor adhesión ciudadana en sus causas políticas.

 

Fuente: El Líbero.