Una lección para estos tiempos – La Tercera

El 3 de mayo de 1979 los británicos concurrieron a las urnas, en unas elecciones marcadas por una de las peores crisis económicas y sociales que han afectado a Reino Unido. El evento que resume de mejor manera el clima fue el llamado Invierno del Descontento (Winter of Discontent), el más grande paro general desde 1926. Este acontecimiento del invierno 1978-1979 dejó varias imágenes grabadas en la ciudadanía, con algunas que marcaron profundamente a toda una generación: pilas de basura sin recoger y familias que no podían sepultar a los difuntos. El país había dejado de funcionar. Tras los comicios, el 4 de mayo, por primera vez en la historia de Gran Bretaña, una mujer se convertía en Primer Ministro; una mujer estaba a cargo de dirigir los destinos de una potencia mundial.

A ese escenario previo disfuncional se había llegado por una sucesión de gobiernos –de izquierda y de derecha- que por diferentes razones tomaron las mismas decisiones. Los de izquierda por su adhesión a la visión socialista y los de derecha por la falta de determinación y convicción para enfrentar el avance de las ideas socialistas, con la Guerra Fría como telón de fondo. El primer éxito de Thatcher estuvo en romper con el gran mito impuesto por intelectualidad de centroizquierda dominante en la academia, la política y la cultura: demostró que sí era posible ganar una elección –y luego gobernar- con las ideas de una sociedad libre como eje del discurso político y del programa de gobierno.

Pero el gran éxito, o si se quiere, el legado de la Dama de Hierro para la centroderecha mundial es el impacto que tuvo al correr el eje del debate público desde las ideas socialistas y estatistas hacia las de la justicia y libertad:  estas ideas coinciden con el sentido común de la nación y se viven cotidianamente por millones de hombres y mujeres. Ante propuestas ideológicas que proponen soluciones dogmáticas para todos los problemas que aquejan a una nación, llegando incluso al extremo de repetir recetas probadamente fracasadas y desechadas, es posible -más bien resulta una verdadera obligación-, levantar propuestas inspiradas en el sentido común. Sin lugar a dudas se requiere una gran convicción y valentía para salir a la esfera pública desafiando el consenso de inspiración socialista imperante en la opinión dominante, y lograr explicar que una economía libre permite que compremos diversos productos en el supermercado, o que la sociedad civil es el catalizador de la participación de la comunidad para lograr soluciones concretas desde los propios afectados. Thatcher sabía que las ideas “novedosas y rupturistas” no provendrían de la clase política, y fue a buscarlas en el mundo de las ideas, en think tanks y en la academia. Asimismo, sabía que no era suficiente con tener ideas correctas, sino que era necesario llevarlas a la ciudadanía y presentarlas como más atractivas que las ideas imperantes de corte estatista. Para lograr esta sintonía entre los dos extremos de la cadena, usó el eslabón por excelencia: la política. Así, a partir de las ideas de la sociedad libre, creó un discurso novedoso, energizado y optimista para sus compatriotas. 

El 2019 se cumplirán 40 años desde la histórica victoria electoral de Thatcher y el inicio de su gobierno de 11 años. Más allá de la admiración o aversión que Margaret Thatcher provoca hasta el día de hoy, incluso al interior de la derecha política, su llegada a Downing Street es un buen caso de análisis para los tiempos actualesrespetando las profundas diferencias de contexto local y de épocaLa centroderecha política actual se enfrenta a nuevos desafíos con el resurgimiento de las fuerzas populistas, cuya energía, en ocasiones subestimada, es capaz de penetrar incluso las democracias más sanas y de larga tradición. 

El dilema matriz sigue siendo el mismo que hace casi 40 años enfrentó Thatcher: ¿derecha popular o derecha populista? La pregunta se ha vuelto actual en Europa, Estados Unidos y América Latina. Tras el segundo mandato de la presidenta Bachelet, la interrogante se instaló en Chile y es una discusión que irá en aumento a medida que se acerque la carrera presidencial del 2021. Por primera vez en décadas la centroderecha local se encuentra ante la posibilidad de avanzar con ideas propias o seguir replicando las del adversario. Habrá que ver si surge en nuestro país una o más personalidades como la Dama de Hierro en la centroderecha, que lleven el mensaje exitosamente al cambio de década y más allá. Solo el tiempo lo dirá.

 

Fuente: La Tercera.