El historiador Richard Pipes (1923-2018) – El Líbero

Richard Pipes, fallecido este 17 de mayo, fue uno de los historiadores más importantes sobre la Revolución Bolchevique, y su obra fue a la vez prolífica y polémica. Había nacido en Polonia en 1923 y desde muy niño gustó de la historia, que le deparó momentos duros: sus padres, que eran judíos polacos, abandonaron el país escapando de los nazis. Posteriormente se trasladó a los Estados Unidos, donde estudió y aprendió ruso, especializándose en los estudios sobre la Unión Soviética, doctorándose en Harvard en 1954, con su tesis The formation of the Soviet Union: Communism and Nationalism, 1917-1923.

Un interesante reciente artículo de William Grimes en The New York Times (17 de mayo de 2018) muestra algunas facetas académicas y de trayectoria en el gobierno de los Estados Unidos, en el marco de la Guerra Fría. Al respecto, sostenía que la URSS se derrumbó por factores internos, destacando el fracaso de su economía, pero destacando que Ronald Reagan era un hombre de ideas claras y que “sabía de la fragilidad de la URSS y defendía la superioridad moral de la democracia liberal frente a la dictadura del comunismo” (La Libertad Digital, 5 de noviembre de 2017).

Probablemente el trabajo más recordado de Pipes sea su monumental La Revolución Rusa (Barcelona, Debate, 2016), recientemente reeditada en español con ocasión del centenario de los sucesos de 1917. El libro, que tiene un epígrafe dedicado “A las víctimas”, culmina afirmando que “la revolución fue tan solo el principio de sus penas [del pueblo ruso]”. Consultado sobre este acontecimiento clave del siglo XX y sobre su legado, la respuesta de Pipes fue lapidaria: “Millones de cadáveres. La Revolución Rusa fue uno de los sucesos más trágicos del siglo XX. No hubo absolutamente nada positivo ni grandioso en aquel acontecimiento. Entre otras cosas, arrastró a la humanidad a la II Guerra Mundial. Los sóviets establecieron un régimen de terror sin precedentes. No tuvieron ningún escrúpulo a la hora de establecer una alianza con los nazis en la II Guerra Mundial. Hitler no se hubiera atrevido a iniciar las hostilidades si Rusia no hubiera estado a su lado” (El País, 27 de enero de 2017.

Esta dimensión muchas veces no se considera en el análisis de la génesis del conflicto, especialmente porque se prioriza el resultado de la guerra y la influencia determinante de Stalin y el Ejército Rojo en la derrota de Hitler y el nacionalsocialismo. Contra la visión de otros historiadores y de la propaganda, Pipes consideraba que Lenin había sido el fundador del Estado terrorista tras el triunfo de 1917, que Stalin sólo había perfeccionado sin alterarlo en sus elementos esenciales, tesis que ya sostenía Alexander Solzhenitsyn desde la literatura y otros investigadores en la historiografía.

Millones de cadáveres. La Revolución Rusa fue uno de los sucesos más trágicos del siglo XX. No hubo absolutamente nada positivo ni grandioso en aquel acontecimiento”.

Menos conocidos son otros trabajos de Pipes que muestran sus intereses académicos y su forma de comprender el mundo, libros más breves, que presentan visiones de conjunto sobre algunos temas fundamentales.

Uno de ellos es la Historia del Comunismo (Mondadori, 2002), que traza la trayectoria de las ideas y la acción del marxismo-leninismo en el mundo en los siglos XIX y XX. Si bien se trata de un texto breve, es suficientemente completo y bien informado para lograr explicar tanto las ideas como los resultados prácticos de la experiencia comunista en la Unión Soviética y en otros países durante el siglo XX, en una visión crítica de los resultados humanos, sociales y económicos de los socialismos reales. En esta obra aparece mencionado el caso de Chile, con una sintética explicación de los últimos días de la Unidad Popular: “La Cámara de Diputados les solicitó a las Fuerzas Armadas que restauraran las leyes del país. Obedeciendo este mandato, a los 18 días los militares chilenos removieron por la fuerza a Allende de su cargo”. Aunque el tema es más complejo, muestra una perspectiva que muchas veces ha sido omitida en otros análisis internacionales sobre la llamada “vía chilena al socialismo”.

Otro ejemplo es Propiedad y Libertad. Dos conceptos inseparables a lo largo de la historia (Madrid, Turner/FCE, 2002), libro que remonta el estudio al mundo clásico y lo trae hasta nuestros días, lo que cobra relevancia al tratarse de un concepto clave en las disputas políticas de la última centuria. Si bien se trata de un análisis histórico –conceptual, político, jurídico– sobre el derecho de propiedad, también involucra afirmaciones de identidad doctrinal que para Pipes eran muy queridas: “El derecho de propiedad no garantiza los derechos y libertades civiles, pero históricamente ha sido el mecanismo más efectivo para asegurar ambas cosas”. La razón principal era preservar una esfera personal de la usurpación que podía hacer el poder, el Estado, sobre sus ciudadanos. La crítica especializada reconocía el análisis histórico realizado por el investigador, aunque algunos se alejaban de su postura política, al señalar que impediría la intervención estatal incluso para beneficios sociales. Sin embargo, llevado a casos más concretos y contradicciones más extremas, como la comparación entre Inglaterra y la Unión Soviética, se podía percibir el vínculo entre propiedad privada, libertad y Estado de derecho, que constituirían la salvaguarda de los derechos civiles y la democracia.

Vale la pena leer la prolífica obra de Richard Pipes. Si bien en los últimos años hay numerosos estudios que han completado o contrastado sus investigaciones, no cabe duda de que sus trabajos más completos sobre la Revolución Bolchevique siguen siendo valiosos como investigación e interpretación histórica, mientras sus textos más ensayísticos y breves muestran esa faceta que gustaba recordar al historiador polaco-norteamericano: es muy importante conocer lo que  ha ocurrido en el pasado, pero también influir sobre lo que acontecerá en el futuro.

Fuente: El Líbero.