Gobierno socialista en España -El Líbero

LLa llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa significa el tercer gobierno socialista desde el regreso de la democracia en España. En esta ocasión, la presencia del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) al mando de uno de los países más importantes del mundo se puede transformar en un caso de estudio para las facultades de ciencias políticas y también será interesante material para los historiadores, aunque todavía es un proceso de final desconocido. En cualquier caso, para quienes debe resultar realmente interesante la irrupción de Pedro Sánchez es para los ciudadanos españoles, acostumbrados a acudir a las urnas para elegir gobierno, y que hoy se encuentran con una administración funcionando, cuya legitimidad no ha emanado de las urnas sino de un acuerdo político que, para muchos, debe ser difícil de comprender.

Sánchez es un político con algunas características especiales. Nació cuando Franco vivía sus últimos años en el poder y el 2014 reemplazó a Alfredo Pérez Rubalcaba a la cabeza del PSOE, que vivía unos tiempos difíciles, después del fracaso gubernativo de José Luis Rodríguez Zapatero y de la victoria de Mariano Rajoy. En los años siguientes emergió como alternativa fallida al gobierno del Partido Popular, aunque con divisiones internas de los propios socialistas que lo llevaron a renunciar a la cabeza pues tenía una oposición de las figuras más reconocidas y tradicionales de la izquierda española. Por otro lado, Podemos -la fórmula populista liderada por Pablo Iglesias- se había propuesto hacer el sorpasso electoral, y estaba decidido a reemplazar al PSOE como principal alternativa a los populares. Como suele ocurrir en estos casos, los golpes y problemas se multiplicaban por otros lados, lo que hacía presagiar una larga lejanía del poder para los socialistas. Sin embargo, todo empezó a cambiar a mediados de 2017.

El regreso de los socialistas a La Moncloa estuvo marcado por el azar y el oportunismo, la capacidad de estar en el momento justo en el lugar adecuado, de aprovechar un espacio que se abría donde antes todos los lugares parecían vedados.

Primero, porque Sánchez decidió disputar nuevamente el liderazgo de los socialistas y derrotó a Patxi López y a Susana Díaz, lo que mostraba una capacidad especial de reinvención y una posibilidad real de seguir siendo una opción política. Segundo, porque decidió jugar cartas que mostraban liderazgo y decisión en momentos difíciles para España, como fue cuando apoyó al gobierno de Rajoy en la aplicación del artículo 155 de la Constitución tras la proclamación de independencia en Cataluña. Sin embargo, ninguna de esas cosas abrió el camino hacia el poder para los socialistas, sino que el regreso a La Moncloa estuvo marcado por el azar y el oportunismo, la capacidad de estar en el momento justo en el lugar adecuado, de aprovechar un espacio que se abría donde antes todos los lugares parecían vedados.

La formación del gobierno ha marcado un cierto estilo que ya ha generado análisis y proyecciones. Una de las características más notorias del gabinete es la presencia mayoritaria de mujeres, lo que marca un récord internacional y también en la historia de España. Eso solo ya sería suficiente para mostrar una forma de ejercer el poder que pretende marcar un sello propio y distintivo en la política española. Hay otro aspecto que es especialmente valioso, y que emergió como un problema previsible cuando se produjo la salida de Mariano Rajoy: que el gobierno de Sánchez fuera un engendro, cual modelo Frankenstein, mezcla de ministros separatistas y populistas, cercanos a las fórmulas más extremas de la política española actual. El tema no era ni exagerado ni propio de una campaña del terror, sino que respondía a una realidad bastante evidente: Sánchez apenas cuenta con 84 diputados, muy lejos de lo que requiere para ser mayoría en el Congreso de los diputados de España. Por lo mismo, requiere apoyos para permanecer en La Moncloa y para aprobar proyectos de ley: pese a ello, Sánchez optó por un gabinete socialista y no multicolor, que permite pensar en un líder que “huye del modelo Frankenstein y se proyecta más allá de 2020” (Rubén Amón, “El gabinete del doctor Sánchez”, El País, 7 de junio de 2018). Ya veremos en qué termina esta idea de gobierno.

El primero desafío de Sánchez es realizar una administración exitosa, que se distancie del mal recuerdo que dejaron los últimos años de Rodríguez Zapatero, especialmente en materia económica.

Porque la administración de Sánchez enfrentará algunos desafíos importantes en los próximos meses y años. El primero de todos es realizar una administración exitosa, que se distancie del mal recuerdo que dejaron los últimos años de Rodríguez Zapatero, especialmente en materia económica. El segundo es derrotar a la alternativa izquierdistade Podemos, que en algún momento apareció como la gran novedad y estuvo próximo a superar electoralmente a los socialistas.

El tercer tema es más complejo, y se refiere a la situación del separatismo catalán, sobre el cual hay posiciones muy diversas entre quienes apoyaron la moción de censura a Mariano Rajoy: van desde los constitucionalistas hasta los republicanos, antimonárquicos y contrarios a la unidad de España. No es lo mismo enfrentar la opción separatista desde una posición política y un respaldo electoral coherente que hacerlo en una fórmula heterodoxa y multiforme, contradictoria en temas relevantes que han afectado a los españoles en estos años finales de Rajoy.

Sin embargo, me parece que el mayor desafío de Sánchez está por venir, probablemente el 2019, cuando se convoquen a elecciones de gobierno. Solo ahí el líder socialista podrá mostrar si han crecido sus apoyos y si es capaz de ganar una elección contra otras agrupaciones políticas. Más todavía cuando sus adversarios en los próximos comicios no sólo serán los del Partido Popular, sino que también Ciudadanos -movimiento emergente y de gran proyección-, además de Podemos, al que el gobierno del PSOE hoy hace más difícil convertirse en la gran alternativa que anunció Pablo Iglesias hace algún tiempo.

Fuente: El Líbero.