Izquierdas en América Latina – La Tercera

América Latina vive un momento especial en el desarrollo de sus democracias. La situación es especialmente compleja para la izquierda del continente, que mantiene vigentes dos herencias del siglo XX: la dictadura de Cuba, que hoy experimenta algunas reformas de difícil proyección, y el régimen represivo de Daniel Ortega en Nicaragua, cuyas revoluciones comunista y sandinista se niegan a morir. A ellas se suma el régimen chavista de Nicolás Maduro, cuyo sistema dictatorial y una creciente pobreza abruman a la población y aleja a cientos de miles de personas de su territorio.

Quizá por eso la elección de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México haya cobrado tanta importancia. Antes temido y criticado, logró levantarse como gran alternativa contra una política desacreditada, obteniendo una victoria clara, con más del 50% de los votos. En su discurso inaugural del 1° de julio pasado enfatizó sin ambigüedades:

“La transformación que llevaremos a cabo consistirá, básicamente, en desterrar la corrupción de nuestro país. No tendremos problema en lograr este propósito porque el pueblo de México es heredero de grandes civilizaciones y, por ello, es inteligente, honrado y trabajador. La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia. Estamos absolutamente seguros de que este mal es la causa principal de la desigualdad social y económica y de la violencia que padecemos. En consecuencia, erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo gobierno. Bajo ninguna circunstancia, el próximo Presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad”. Para muchos analistas, esta actitud fue la causa principal de su victoria electoral.

Esto contrasta, especialmente, con la situación que vive Lula en Brasil, quien está actualmente en la cárcel, condenado por delitos de corrupción y lavado de dinero, en medio de un proceso electoral presidencial que se ve muy difícil, considerando las debilidades institucionales y la crisis económica y política que ha tenido el gigante sudamericano. Un gran desafío sería levantar una alternativa distinta al líder del Partido de los Trabajadores, con posibilidades reales de triunfo y que aleje los fantasmas de la corrupción y del Socialismo del siglo XXI, dos lastres para cualquier proyecto de progreso futuro.

La atención del continente seguirá centrada en estas diversas formas de construir políticas de izquierda en América Latina. Ciertamente no son las únicas, como lo mostraron Fernando Henrique Cardoso en Brasil y Ricardo Lagos en Chile, cuando lideraron proyectos de Tercera Vía, hoy en retirada. Seguramente nacerán otras iniciativas que disputarán el poder, intentando una sana combinación de democracia política y responsabilidad económica.

 Fuente: La Tercera.