La nueva España – El Imparcial

La política española ha cambiado de manera muy notable en los últimos cinco años, de una manera que sin duda era inimaginable hace una década. Así lo demuestra en los últimos días la elección de Pablo Casado como Presidente del Partido Popular, que viene a sumarse a lo que ha ocurrido en las colectividades más importantes del país desde hace algún tiempo.

En términos generales, podríamos decir que se ha acabado la España de la transición, con sus hombres, su estilo, sus temas y su legado, aunque de este último permanezcan muchas cosas y otras tantas seguirán vigentes en el futuro. Así ha ocurrido desde el punto de vista biológico con el gran líder del post franquismo, Adolfo Suárez. Muchos siguieron su trayectoria rápida y exitosa, se sorprendieron con algunas de sus medidas (la legalización del Partido Comunista, por ejemplo) y admiraron su actitud el 23 de febrero de 1981, magistralmente narrado por Javier Cercas en Anatomía de un instante. Suárez falleció el 23 de marzo de 2014 y seguramente un gran número de españoles hoy lo asocia más con el aeropuerto internacional de Madrid que con su obra política durante la transición.

El 19 de junio de ese mismo 2014 el rey Juan Carlos abdicó, en una medida que pocos imaginaban. Con ello abrió paso al reinado de su hijo Felipe y a una nueva era en la historia de la monarquía. Así terminaba también una larga etapa de la vida política contemporánea, que tuvo un momento culminante precisamente el 23F, cuando Juan Carlos apareció ante la sociedad española como un decidido defensor de la democracia, que muchos temían que se acabara de un día para otro. Eso prestigió su figura y sirvió de soporte de legitimidad práctica en las décadas siguientes.

Es importante recordar todo esto cuando el Partido Popular ha elegido un nuevo líder que viene a renovar la tienda que hasta hace un par de meses gobernaba España, con relativa estabilidad, bajo la presidencia de Mariano Rajoy. Pablo Casado es un hombre de 37 años y, por tanto, no había nacido cuando se promulgó la famosa Constitución de 1978: también nació después de ese acontecimiento el líder de Ciudadanos, Albert Rivera; por su parte, Pablo Iglesias, la gran figura de Podemos, nació precisamente ese año 1978. En el caso de Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español y presidente del gobierno en la actualidad, nació en 1972, cuando se vivían los últimos años del régimen de Franco.

¿Qué significado tiene este cambio político que, en esta oportunidad, es también un importante cambio generacional? Lo que podría ser una simple casualidad representa el nacimiento de la nueva España, marcada precisamente por un grupo de personas que llegan a liderar sus colectividades siendo muy jóvenes, siendo parte de la generación que nació con la transición, pero que hoy ve para su país nuevos desafíos.

Sin embargo, es necesario comprender que la nueva política española debe manifestarse más allá de lo meramente cronológico. Se puede ser joven y vivir mirando hacia atrás; además, la renovación generacional no asegura necesariamente que haya ideas de futuro o una visión sobre lo que es necesario hacer por el bien del país. En otras palabras, la nueva España -y esto vale para otros procesos de renovación política- requiere tanto de un estilo como de un proyecto acorde al siglo XXI, cuyas posibilidades y también sus problemas son muy distintos a los que se vivieron en los siglos XIX y XX.

En relación al estilo, cada agrupación española tiene sus propios desafíos. Los populares deben cuidar su unidad interna, en un esquema inédito de mayor participación de las bases, y además necesitan una legitimidad social fundamentada en la transparencia, las cuentas ordenadas, dejando atrás cualquier trama que merezca reproche. Los socialistas deben ser austeros con el gasto público, sin utilizar el Estado como un fondo interminable de recursos que pueden derrocharse según los caprichos ideológicos o personales. Ciudadanos tiene la necesidad de ser una alternativa real, que asuma sin mesianismo la posibilidad que se abre a un eventual gobierno liderado por Rivera u otro de sus líderes. Podemos, por su parte, requiere dejar atrás las disputas internas, así como recuperar la vitalidad con la que nació hace algunos años, pero con la capacidad de trabajar en la política práctica sin fundamentalismos.

En cuestiones más de fondo, España tiene algunas tareas pendientes que se discuten hace décadas y que no han encontrado una solución adecuada. Una de ellas es el tema de las pensiones, de gran relevancia social, que representa un gasto muy grande para el Estado y que genera enormes controversias cada vez que se discute. En algún momento se ha planteado la posibilidad de avanzar hacia un sistema de capitalización individual, que tiene un gran potencial pero que implica riesgos políticos. Por lo mismo, abordar una reforma de las pensiones implica tener un proyecto claro y un liderazgo fuerte y con respaldo popular.

Así como este hay otros muchos temas relevantes que merecen propuestas, reflexión y reformas: la administración pública y territorial con su respectiva burocracia o la estructura de impuestos y las facilidades para la inversión privada, por ejemplo. En el pasado reciente España dio pruebas de enfrentar con visión de futuro algunos desafíos históricos importantes y difíciles. Así ocurrió en su momento cuando la generación joven de la transición asumió tareas tan decisivas como organizar y fortalecer la democracia, derrotar el terrorismo, insertarse en Europa y en el mundo, definir un modelo de unidad política con autonomías, avanzar con decisión hacia el siglo XXI.

Sin embargo, ese proceso ya culminó, y ahora corresponde a la nueva España liderar con decisión el camino de las próximas décadas. Esto se dará en el contexto de una población que no vivió guerra civil ni dictadura ni transición, sino que disfrutó una democracia y prosperidad legadas por otros. Así fue, pero también estas generaciones nuevas se encontraron con que eso no era eterno, lamentando una severa crisis económica; en lo político han visto levantarse el fin del bipartidismo y el ataque separatista. A cada tiempo sus desafíos, a cada generación sus problemas y oportunidades.

Parece haber llegado la hora de la nueva España, y queda por ver si se enfrentará con grandeza o mediocridad, con visión de futuro o mirando hacia atrás, con un estilo nuevo o prácticas gastadas, con unidad o división. A cada época sus desafíos.

 

Fuente: El Imparcial.