El mea culpa de Gabriel Boric – El Líbero

Como era de esperar, la izquierda más extrema y dictatorial lo empapeló con diversos insultos en las cloacas de las redes sociales. Otros, algo más sofisticados, apuntaron contra lo poco oportuna de la autocrítica y reafirmaron su tesis de que el parlamentario magallánico no es más que un líder funcional a la derecha, en lo que ellos denominan como su “intento de legitimarla”. Así lo habría demostrado al aceptar ser parte de la Mesa de Unidad para la Infancia convocada por el presidente Piñera.

Todos recordamos a la ex Presidenta Michelle Bachelet corriendo emocionada para reunirse con Fidel Castro, el dictador de mayor duración en la región; así como no ocultaba su admiración a Honecker, quien se jactaba del Muro de Berlín.

Ahora bien, sea en el momento que fuere, es muy difícil que la izquierda acepte un comentario como el de Boric o realice una reflexión profunda sobre una verdadera doctrina de irrestricto apego al respeto de los derechos de todos los seres humanos sin condiciones, porque si hay algo que ha caracterizado a ese sector político a lo largo de su historia es la defensa de numerosas dictaduras, líderes y regímenes que han realizado violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Basta recordar a sus principales figuras políticas en las últimas décadas, para observar que su postura ha sido muy consistente al respecto: el entonces senador Salvador Allende alabó sin ocultar su admiración al fallecido dictador Joseph Stalin y a la Unión Soviética. Pocos estuvieron a la altura de Stalin en el siglo XX en cuanto a su potencia represiva y asesinatos masivos. Todos recordamos a la ex Presidenta Michelle Bachelet corriendo emocionada para reunirse con Fidel Castro, el dictador de mayor duración en la región; así como no ocultaba su admiración a Honecker, quien se jactaba del Muro de Berlín. Con la misma intensidad sentimental, pero más recientemente, las entonces dirigentas estudiantiles Camila Vallejo y Karol Cariola declararon al dictador cubano como “una luz y hoja de ruta para la juventud chilena”. Su correligionario, el alcalde Sergio Jadue, cada vez que puede entona su apología al totalitarismo de Nicolás Maduro y defiende el injustificable fraude electoral en Venezuela. La lista parece interminable, pero para cerrar el punto no podemos olvidar las idílicas cartas de amor del Partido Comunista a Corea del Norte.

El mea culpa de Gabriel Boric llama la atención porque marca un cambio de posición sustantiva en alguien que incluso sentenció, a propósito de la muerte de Fidel: “Yo me muero como viví… mis respetos comandante”. Pareciera ser que la madurez en el análisis que conlleva el asimilar hasta las últimas consecuencias la consideración absoluta de los derechos de todos los seres humanos ha logrado influir en el diputado frenteamplista. Esto es destacable, pero requiere que demuestre consistencia en sus palabras y no vuelva a cambiar de opinión por la férrea odiosidad -y los consecuentes costos políticos al interior de sus filas- que generan su evolución en la comprensión inalienable de los derechos humanos, no supeditando su respeto y valoración según la afinidad o rivalidad de quien los viola.

Constituye una buena señal este cambio de opinión en algunos de los dirigentes de izquierda jóvenes. Ojalá perseveren en esta lucha contra su propia historia, aunque no será fácil.

De igual modo, no sabemos si por oportunismo o verdadera convicción, otros dirigentes de su sector, como el diputado Giorgio Jackson, han declarado valorar el texto de Boric y estar de acuerdo con él “para una comprensión crítica y más exigente de lo que queremos que sea una izquierda democrática”, según dijo en su cuenta de twitter. Es de esperar que esto se materialice, por ejemplo, viendo al parlamentario de Revolución Democrática sin dificultades para llamar por su nombre a lo que sucede en Venezuela y no evadir denominarlo como dictadura, tal como lo hizo hace tan solo algunos meses en un programa de televisión.

Sin duda, constituye una buena señal este cambio de opinión en algunos de los dirigentes de izquierda jóvenes. Ojalá perseveren en esta lucha contra su propia historia, aunque no será fácil. Es probable que sus palabras de severa crítica contra aquellos que niegan o justifican atrocidades contra la humanidad permanecerán como una isla en un océano de inconsistencia y acomodo, como ha sido hasta ahora en la mayor parte de la izquierda.

Fuente: El Líbero.