Espere tres años – El Líbero

A usted que está leyendo esta columna, le pido que haga el siguiente ejercicio. Imagine que está frente a su navegador favorito, ingresa a la página web que visita habitualmente para informarse y pasan treinta segundos sin que se abra dicho sitio, ni dé signos de estar por hacerlo. ¿Puede describir lo que sentiría? Probablemente sentiría angustia, ansiedad y querría dar de baja a su compañía de internet, por el mal servicio.

Ahora, imagine que se demora tres años. ¿Cuál sería su sensación?

Este sencillo ejemplo nos permite, muy rudimentariamente, introducirnos en el tedioso contexto de aquella espera que se nos hace interminable, como la que muchos sufrimos en un taco o cuando el metro se detiene entre cada estación. Ahora bien, si casos cotidianos como estos causarían la histeria de muchos lectores, ¿se lograría imaginar la angustia que experimenta una persona cuando le dicen que debe esperar uno, dos o tres años para operarse en el sistema de salud estatal?

Según cifras dadas a conocer por el Ministerio de Salud durante la semana recién pasada, hay casi un cuarto de millón de personas que esperan en promedio 491 días para realizarse una intervención quirúrgica no AUGE en los hospitales públicos. Los centros asistenciales con más pacientes en espera son de Temuco (16.810), Valdivia (15.095), Los Ángeles (10.356) y Viña del Mar (8.709). Los que presentan la mayor cantidad de días de espera son los de San Ramón (1.023), Independencia (850), Rancagua (745) y, nuevamente, Viña del Mar (727). Como se puede observar, no estamos hablando de un caso o dos, sino de un sistema que se encuentra en una crisis completa. De hecho, el Hospital Base San José de Osorno, que es el mejor de la lista, tiene una agotadora espera de 360 días en promedio para sus 5.028 pacientes.

 

Resuena con fuerza el contraste evidente entre las prioridades sociales y las prioridades de boutique de algunos políticos.

Así las cosas, es fácil empatizar con la frustración que padecen cientos de miles de chilenos -muchos de los cuales no tienen otra alternativa que atenderse en el sistema sanitario del Estado- cuando se ven enfrentados a interminables esperas para realizarse una serie de cirugías que no cuentan con garantías explícitas de espera máxima, como las incorporadas en las patologías AUGE-GES. En este escenario, tiene todo el sentido del mundo que la abuelita con artrosis de rodilla severa que requiere de una cirugía de reemplazo con prótesis para aliviar su dolor, el paciente obeso mórbido que necesita una cirugía bariátrica para mejorar su calidad de vida, la mujer con enfermedad miomatosa que tiene indicación de una histerectomía para controlar su anemia y tantos otros casos más, muchas veces acompañan su sufrimiento con el amargo sentimiento de que por ser pobres están condenados a una eterna espera por una atención. Ya no será oportuna, ni siquiera digna.

Lamentablemente, si se observan otros aspectos de la salud estatal, el panorama no es muy distinto. A fines de abril de este año, conocimos que a diario casi 700 chilenos esperan al menos 12 horas antes de obtener una cama para hospitalizarse. Algunos, incluso hasta tres días. Frente a esta cruda realidad, resuena con fuerza el contraste evidente entre las prioridades sociales y las prioridades de boutique de algunos políticos. Mientras hay quienes insisten en enarbolar las banderas del aborto, la eutanasia y la legalización de las drogas como las urgencias legislativas, existe una enorme cantidad de compatriotas que sufren a diario con su frivolidad. Urge que nuestra clase política se conecte verdaderamente con la ciudadanía y no persista desanclada de la realidad. De lo contrario, sólo aumentará la desafección de la gran mayoría con sus representantes.

 Sin duda que es un avance que el MINSAL transparente estas cifras. Eso permite cuantificar mejor el drama de miles de compatriotas. Ahora, necesitamos que los parlamentarios los identifiquen con un rostro de alguien que sufre, más que con un número que vota. Quizás así la situación se enriele, terminen de promover agendas pequeñas, mientras se apura el tranco legislativo para mejorar la salud pública.

 No obstante, una vez más la sabiduría popular pareciera encumbrarse como la opción más efectiva para lograr el objetivo: tal vez la cosa cambiaría más rápido si ellos estuvieran en FONASA y tuvieran que esperar tres años para operarse. Quizás ahí sí sería una verdadera prioridad arreglar el sistema de una vez por todas. No es necesario, basta la verdadera solidaridad: sentir el dolor ajeno como propio.

 

Fuente: El Líbero.