Mitos y leyendas – El Líbero

Debo confesar que, desde pequeño, una de las creencias populares que más me han llamado la atención es aquella que milenariamente han predicado nuestras abuelitas: “No salgas al frío, que los cambios de temperatura harán que te resfríes”. Este tipo de sentencias han condicionado los actos de generaciones completas. El respeto irrestricto a esta doctrina muchas veces se basa principalmente en las infinitas reiteraciones del concepto a lo largo de nuestras vidas, lo que transforma a dicha frase en una verdad revelada e incuestionable.

 

Siempre me pareció un tanto extraño que nadie notara las contradicciones de la teoría. Era fácil preguntarse entonces, si en los países nórdicos o en la Antártica la gente debería enfermarse más. Asimismo, aquellos caribeños que disfrutaban del calor hasta con lluvia deberían resfriarse menos. Al entrar a la Escuela de Medicina, corroboré mi hipótesis. La teoría, repetida como salmo, no se ajustaba a la realidad. Por más que se enoje algún lector, debo decirle la verdad. El problema no es el cambio de temperatura, sino el “encierro” que se produce cuando hace frío. Lo que impide la ventilación y aumenta la probabilidad de contagio con algún virus. De la misma manera se explican los “catarros de verano”, generados por el encierro de los espacios que cuentan con aire acondicionado.

 

Este tipo de historias, lleno de mitos y leyendas que son muy difíciles de combatir porque están basadas en oraciones que son repetidas intergeneracionalmente y sin ningún contraste con los hechos, no sólo las podemos encontrar en temas domésticos.También se apoderan de la opinión pública en áreas tan relevantes como la economía y las vías a través de las cuales puede alcanzar el desarrollo un país.

 

Para muchos, entre los que también se encuentran destacados intelectuales, Chile es un país profundamente herido por las injusticias creadas a partir de un supuestamente perverso modelo económico liberal, el que sólo ha traído inconvenientes tan letales como la desigualdad, la educación mercantilizada o la perpetuación de las élites poderosas y ricas en las esferas superiores de la sociedad. Describen un panorama oscuro. Incluso desde la vereda del frente, muchos adhieren al diagnóstico y pretenden disputar con la izquierda las mejores soluciones para estos conflictos que, según aseguran, carcomen el alma de nuestro país y son caldo de cultivo de estallidos sociales.

 

Si no se avanza en rectificar los errores cometidos en el gobierno anterior, corremos el riesgo de caer en la trampa de los países medios, como aseguró The Economist hace algunos días.

 

No obstante lo convincentes que puedan ser quienes predican con esa visión, más por la insistencia que por la contundencia en los datos que avalen su postura, siempre llega un momento en que los porfiados hechos terminan por mostrar la realidad a todos los observadores de buena voluntad. Hay algunos que no querrán verla, la cuestionarán o se encandilarán con la claridad del mundo real. Otros seguirán apegados religiosamente a sus dogmas ideológicos, pero aquello no evitará que la gran mayoría de los ciudadanos pueda apreciar la situación tal cual es.

 

En los últimos días, ha habido al menos tres noticias importantes que han desmitificado la tesis de que Chile es un país que está haciendo las cosas mal. Muy por el contrario, lo han posicionado como el mejor entre sus vecinos. En primer lugar, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó su nueva versión del Índice de Desarrollo Humano, donde ubica a Chile dentro del grupo de países con desarrollo muy alto y lo vuelve a poner como el líder de Latinoamérica y el Caribe y en el lugar 44 a nivel mundial. Por otro lado, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), destacó a nuestro país como el de mayor movilidad social de todo el grupo. Es decir, de entre los jóvenes nacidos en familias más pobres de todos los países de la OCDE, aquellos que viven en Chile son los que tienen la más alta probabilidad de situarse en grupos de mayores ingresos. A su vez, el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante este mismo año ha ajustado al alza en tres oportunidades la proyección de crecimiento de Chile y ha apoyado la justificación de la modernización tributaria promovida por el gobierno, asegurando que es pro crecimiento y más eficiente que la actual.

 

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Si no se avanza en rectificar los errores cometidos en el gobierno anterior, corremos el riesgo de caer en la trampa de los países medios, como aseguró The Economist hace algunos días. Por eso, sigue siendo más vigente que nunca luchar día a día contra la mitología que pulula en redes sociales y medios de comunicación. Hay que hacerlo con datos duros, de organismos internacionales, que solo muestran con claridad hacia dónde -y cómo- podemos avanzar más rápido para que todos los hijos de esta patria podamos vivir mejor.

 

Finalmente, es verdad que tenemos muchos desafíos por delante para hacer de Chile un país más humano, más justo y más libre. No obstante, es mezquino no reconocer todo lo que se ha avanzado.Asimismo, es peligroso creer que cambios radicales -como los enarbolados por el fracasado socialismo del siglo XXI- puedan conducir a nuestro país una vía de desarrollo integral más próspero que el que nos depara el camino de la economía libre, la focalización de los recursos, la responsabilidad fiscal y la decidida derrota de la pobreza y las discriminaciones arbitrarias. Esta vez, es de esperar que la realidad supere al mito.

Fuente: El Líbero.