Aula segura y de calidad – El Líbero

En las últimas décadas, la clase media chilena ha crecido más que nunca en toda nuestra historia republicana. A pesar de su crecimiento y diversidad, existe un concepto que se ha mantenido imperecedero en el ideario de cada uno de sus integrantes: entregar la mejor educación posible a sus hijos. Muchos aún sueñan con ver en sus hijos o nietos al primer profesional de la familia. Quien no sea capaz de entender esta realidad, difícilmente tendrá la habilidad de evaluar las discusiones públicas como las observa este nuevo Chile.

 

Los padres que matriculan a sus hijos en liceos emblemáticos lo hacen porque desean entregarles a sus hijos la mejor educación posible. Incluso si esto significa recorrer diariamente decenas de kilómetros de ida y vuelta, por varios años.

 

La ecuación es sencilla. Cada madre, padre o abuelos de clase media están dispuestos a trabajar todo lo que sea necesario, durante cada instante de su vida si se requiriera, para poder entregarles a sus hijos lo que con cariño llaman “su única herencia”: la educación. Por esta razón, es fácil entender el amplísimo apoyo que convoca el proyecto “Aula Segura” del gobierno del Presidente Sebastián Piñera. Éste cuenta con sobre el 70% de aprobación en casi todos los segmentos evaluados, según lo diera a conocer la encuesta Cadem. Los padres que matriculan a sus hijos en liceos emblemáticos lo hacen principalmente porque desean entregarles a sus hijos la mejor educación posible. Incluso si esto significa recorrer diariamente decenas de kilómetros de ida y vuelta desde sus casas al centro de Santiago, por varios años. Lo importante es contribuir a que sus hijos tengan más oportunidades de acceder a una educación de calidad.

 

Sin duda, esta situación se ve claramente afectada cuando son esos mismos establecimientos tradicionales los que durante semanas -o meses- no tienen clases por paros, tomas o hechos de violencia extrema como los que hemos visto el último tiempo. En esas circunstancias, la promesa de mejor educación comienza a derrumbarse a paso firme. De hecho, en los liceos de la comuna de Santiago que han sufrido distintas manifestaciones estudiantiles se han retirado más de 600 alumnos sólo entre abril y agosto de este año. Es comprensible que cualquier familia que tenga a sus hijos estudiando en un colegio donde no tenga consecuencias significativas el lanzar bencina o una bomba molotov a un profesor esté pensando en cambiarlo de ahí o esté muy de acuerdo con que el gobierno se haga cargo con prontitud de este grave problema.

 

Así las cosas, la situación de los emblemáticos contrasta dramáticamente con los buenos resultados exhibidos por los Liceos Bicentenario. Instituciones creadas durante la administración anterior del Presidente Piñera, olvidada -e incluso duramente atacada- durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet y que ahora, luego de algunos años de instaurada ya está dando frutos significativos que sólo pueden ser motivo de alegría, producto de una política pública exitosa. Según informó este fin de semana El Mercurio, un estudio del Centro de Políticas Públicas de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo concluyó que los Liceos Bicentenario obtienen mejores resultados que los emblemáticos en el Simce, e incluso igualan a los colegios particulares.

 

La diferencia entre los liceos emblemáticos y los Bicentenario es que en éstos toda la comunidad está concentrada en mejorar la calidad en el aula y no angustiada por mantenerla segura de quienes realizan actos de violencia extrema.

 

Como lo destacaba el Subsecretario de Educación, Raúl Figueroa, esto se debería entre otros factores a la “combinación virtuosa del compromiso de las familias, los docentes y los directivos” que permiten un cambio cultural positivo. Ahí radica la diferencia con los emblemáticos. Toda la comunidad está concentrada en mejorar la calidad en el aula y no angustiada por mantenerla segura de quienes realizan actos de violencia extrema. Cuando una institución escolar está fracturada, solo retrocede. Si está centrada en la calidad, los buenos resultados están a la vista.

 

Frente a esta situación, ha sido siempre el mismo grupo el que ha visto el cuarto de vaso medio vacío antes que tres cuartos lleno. Me refiero a ciertos grupos de izquierda más extrema, que son el único segmento en que el rechazo a “Aula Segura” es mayor a la aprobación (50% vs 46%) y donde abundan las críticas a los Liceos Bicentenario, a pesar de sus excelentes resultados. Pareciera ser que en dichos sectores aún están muy lejos de conectarse con el Chile de clase media que reconoce en la educación a uno de los principales vehículos de movilidad social. Si perseveran en su visión sesgada, es probable que sigan perteneciendo a la oposición porque no son capaces de comprender verdaderamente la importancia que tiene para los ciudadanos que las aulas se mantengan seguras y en ellas se entregue la educación de calidad que los estudiantes merecen.