Izquierdas y derechas – El Líbero

Uno de los casos más ilustrativos al respecto, sin duda alguna, es el de España. Una vez concluida la transición y con una democracia consolidada, el país conformó un sistema que contaba con dos grandes grupos nacionales -el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP)-, los que tuvieron a los gobernantes desde la década de 1980 hasta hoy: Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez (PSOE) y José María Aznar y Mariano Rajoy (PP). A los grandes partidos se sumaban otros grupos más pequeños o de ubicación en determinadas comunidades, destacándose los casos del País Vasco y Cataluña.

Desde hace muy pocos años, la situación cambió de manera relevante, como se ha expresado en diversas elecciones y en las encuestas, además de la renovación de los liderazgos. De esta manera, el Partido Popular ha tenido una fuga por la derecha y otra por la izquierda: Vox y Ciudadanos. Si los primeros fueron mirados en menos, como si solo representaran a grupos marginales y sin importancia, los resultados de las elecciones en Andalucía mostraron su fase creciente y lo limitados de muchos análisis. En el caso del partido de Albert Rivera, su posicionamiento es más claro y fue visto desde hace un par de años como la renovación de la centroderecha española, a nivel generacional y por su matriz más liberal.

El PSOE tuvo su principal fuga por la izquierda, con el surgimiento explosivo de Podemos, agrupación que incluso esperaba lograr el famoso sorpasso, aunque hasta ahora ha sido incapaz de superar electoralmente a los socialistas. Con todo, es evidente que el partido de Pablo Iglesias es un actor que se ha consolidado en la escena política y cuyos votos son necesarios para que una fórmula de izquierdas llegue a La Moncloa o a un gobierno local.

Las encuestas reflejan claramente esta realidad, que actualmente es pentapartidista, lo que es probable se mantenga por algún tiempo. Una próxima elección -según un reciente estudio de Metroscopia- entregaría representación a cinco fuerzas políticas, otorgando la primera mayoría al PSOE, el segundo lugar a Ciudadanos, prácticamente en empate con el Partido Popular, un poco más abajo Podemos, y finalmente Vox, como la gran novedad, que superaría el 10% de los votos. Como se ve, todo un cambio respecto a hace apenas un par de meses.

Más allá de los números, es evidente que los cinco partidos representan a su vez cinco realidades políticas y culturales, y no meras ambiciones personales o partidistas. En algún momento el PP y el PSOE lograron cooptar o integrar esas tendencias, o bien algunas eran todavía muy pequeñas, en un contexto de consolidación democrática, crecimiento económico y cambios culturales que tenían un respaldo mayoritario de la población. La crisis económica de la última década, el surgimiento de las protestas e incluso el hastío hacia la política en la forma como se desarrolló durante años permitió el cambio y la irrupción de nuevas fuerzas, aunque todavía no se ha producido un gobierno liderado por alguien distinto a los socialistas y populares.

Algo parecido ha sucedido en Chile, acostumbrado durante un par de décadas a las alternativas de la Concertación de Partidos por la Democracia y la centroderecha, organizada bajo distintos nombres entre 1989 y el 2010. Esta última década han aparecido nuevos partidos, como Revolución Democrática por la izquierda y Evopoli por la derecha, además de coaliciones que necesariamente incorporan cambios en relación al Chile de la transición: Chile Vamos es más que Renovación Nacional y la UDI; la Nueva Mayoría incorporó al Partido Comunista; el Frente Amplio es una coalición novedosa política y generacionalmente.

En materia de liderazgos también existen novedades, como muestran algunos signos relevantes.Uno de ellos es la presencia de Gabriel Boric, Giorgio Jackson y Beatriz Sánchez entre las figuras mejor evaluadas en distintas encuestas de opinión pública, y con un importante potencial futuro. Otro elemento clave es el liderazgo de José Antonio Kast, fuera de Chile Vamos y con capacidad de poner temas en la agenda pública, mantenerse en las encuestas y con perspectivas para la próxima elección presidencial. Hay que observarlos con interés y estudiarlos con detención, en vez de descalificarlos rápidamente y sin reflexión. Por cierto, la centroderecha y la centroizquierda tradicional siguen siendo las fuerzas políticas principales, pero con una variedad interna y debates pendientes que requieren una revisión más inteligente y con un estudio serio.

América Latina también enfrente una etapa donde las izquierdas y derechas han experimentado redefiniciones y nuevos liderazgos.No es lo mismo Bolsonaro que Macri, Piñera que Duque, como tampoco son equivalentes López Obrador con Nicolás Maduro o el régimen cubano con el boliviano. La prensa y los especialistas deben hacer un esfuerzo adicional para comprender bien los matices y explicar con claridad el pensamiento y acción política de los partidos y coaliciones, los líderes y proyectos.

Esta nueva realidad -en el mundo, en América Latina y en Chile- debemos observarla con atención, realismo, sin descalificaciones fáciles ni maniqueísmos inútiles. En esa línea se inscriben la fórmula de Pablo Iglesias y su llamado a crear frentes antifascistas para luchar contra el crecimiento de Vox, que se revela como una solución vacía políticamente y pobre intelectualmente. Cuando surgió Podemos muchos cometieron el mismo error, y en vez de tratar de entenderlo quisieron enlodarlo. La realidad en política es muy importante y eso nunca deben olvidarlo no solo los lideres, sino tampoco los analistas.

 

Fuente: El Líbero.