1° de enero de 2019, un día histórico en Cuba y Brasil – El Imparcial

Este 1° de enero de 2019 se da una coincidencia muy especial, que sin duda muestra la historia y contradicciones de América Latina en las últimas décadas. Por una parte, la Revolución Cubana conmemora los 60 años de la victoria contra la dictadura de Fulgencio Batista; por otra parte, asume el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

En el primer caso, se trata del cumpleaños de la dictadura más larga en la historia del continente latinoamericano: el régimen de Fidel y Raúl Castro, ahora liderado por Miguel Díaz-Canel, cumple seis décadas, en las cuales se ha transitado de la esperanza en un futuro mejor a la comprensión de que los costos han sido altísimos, no solo en lo económico y social, sino también en el desarrollo político. En el último tiempo ha aumentado la cesantía y también las personas que no desearían trabajar, que alcanzarían cifras cercanas al 20% (14ymedio.com). En cuanto a la dictadura todavía vigente, si bien no tiene la fuerza de hace medio siglo ni la capacidad de expansión de su proceso que mostró en otros tiempos, todavía conserva la capacidad de someter a los cubanos, sin aceptar alternancia en el poder, pluralismo político y las mínimas libertades sociales.

La continuidad del proceso revolucionario, a pesar del cambio de dirigentes, es bastante clara. Hace solo unos días el actual gobernante celebraba la XVI Cumbre del ALBA-TCP, “en el 14 aniversario de su fundación por los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez”, ratificando la voluntad de consolidar la integración en la región. Este 27 de diciembre, a través de un mensaje de tuiter señaló: “La #RevoluciónCubana es invencible, crece, perdura. El 2018 ha sido un año de arduo trabajo para nuestro pueblo, que con la valentía y nobleza que lo ha caracterizado, continuó al frente de todas las batallas emprendidas en estos doce meses.#YoVotoSí #SomosCuba #SomosContinuidad”.

En estos momentos el régimen cubano se prepara no solo para la celebración de su aniversario número 60, sino que también para el plebiscito sobre la nueva Constitución, ya aprobada por la Asamblea de Cuba y cuyo previsible resultado será también la aprobación, en un sistema que consolida al Partido Comunista como única fuerza política del país y que consagra la continuidad del sistema que se ha rebelado con éxito frente a los cambios históricos, la tendencia democratizadora del mundo y la vigencia de regímenes libres en el continente. Con todo, es interesante constatar que ya han comenzado a surgir algunas voces disidentes con su campaña “Ni uno más”, para que los 60 años de dictadura no se extiendan hacia el futuro. Ya veremos cómo termina esta historia.

Como contrapartida, en Brasil asume Jair Bolsonaro, un líder que diversos medios de comunicación han calificado de extrema derecha, pero que ha llegado al gobierno dentro de la legitimidad constitucional y democrática del gran gigante sudamericano. El apoyo de más de 50 millones de brasileños no debe entenderse con un clasismo tradicional, que desprecia a los electores y se burla de sus preferencias. Lo más probable es que sea una reacción contra la ineficacia de la democracia brasileña -poco estimada por los ciudadanos-; un llamado a procurar la seguridad de la población, en un contexto de más de 60 mil asesinatos al año; y el deseo de comenzar una recuperación económica, con inversión, crecimiento y superación de la pobreza. Todo esto es lo que estaba en las promesas de campaña y programa de Bolsonaro, y la población lo estimó adecuado.

Sin embargo, si en las elecciones se permiten muchas cosas, gobernar es bastante diferente a postular a cargos de elección popular. Dirigir un país es estar en la hora de la verdad, donde las promesas deben cumplirse, las deudas deben pagarse y los gobernantes deben ser fiscalizados para lograr resultados más o menos acordes a las expectativas de la población. De esta manera, el candidato Bolsonaro debe dar paso al gobernante, y además debe comprender que las críticas que él dirigió profusamente contra la clase política hoy podrían volverse en su contra, precisamente porque le corresponderá responder y no solo hablar.

Poner en marcha a Brasil no es tarea fácil. Sin embargo, es bastante claro que es un país funcionando muy por debajo de su potencial. El problema que debe asumir el nuevo presidente de Brasil es que su desafío no es exclusivamente económico, sino que también -y fundamentalmente- político. Muchos ojos van estar puestos en el gobernante brasileño, considerando los temores que hay sobre sus declaraciones pasadas y eventuales riesgos de la democracia, en gran medida amplificados por la propaganda “antiderechista”, pero también por algunas explicaciones inaceptables de acuerdo a cánones de regímenes libres. Pero no debe olvidarse que Bolsonaro asume de acuerdo a las normas de la democracia, veremos si la tarea por delante tiende a la consolidación del régimen o a alguna regresión de tipo autoritario.

Entre Cuba y Brasil, entre Bolsonaro y Díaz-Canel hay una América Latina polifacética y diversa, que tiene sus problemas y también sus oportunidades. Ni toda la derecha es como Bolsonaro ni la izquierda es similar a la dictadura cubana. El desafío es hacer de cada democracia un régimen que no solo permite un pluralismo político y elecciones periódicas, sino también la eficiencia en la solución de los problemas y una capacidad real de justificar su valor y necesidad histórica y política. Este 1° de enero será un día histórico para dos revoluciones en el continente. Pero los próximos años serán históricos para América Latina entera, en la definición de un futuro de progreso real o de nuevas esperanzas frustradas.

 

Fuente: El Imparcial.