Chile se está disparando en los pies – Voces La Tercera

Uno de los grandes desafíos de los países prósperos es poder descentralizar y desconcentrar el poder político y económico en más de una ciudad. Entre otras cosas, porque permite que surjan diversos polos de desarrollo, según las particularidades de cada región o ciudad. Además, hay razones geopolíticas que debemos considerar a la hora de pensar por qué conviene que no se desarrolle exclusivamente una ciudad, sino que un país en su conjunto pueda alcanzar más oportunidades y progreso.

Chile, lamentablemente, ha sido un caso emblemático de creciente centralismo. Tiene una ciudad capital que concentra cerca de la mitad de la población total del país, donde también se toman las decisiones políticas y administrativas, muchas veces en desmedro del resto de las regiones. Y, por lo que se ve, sin una visión de largo plazo que permita esperar un cambio positivo.

La estrategia que hemos seguido últimamente como país es altamente cuestionable, a saber, crear por cada ciudad importante una región administrativa. Esta atomización ha redundado en que al ser más chicas las regiones con respecto a Santiago, evidentemente disminuye su peso comparativo en relación con la capital. Esto redunda en que se prioricen las situaciones sociales y políticas capitalinas por sobre las regionales.

Lo anterior se ha producido por la falsa creencia de que una mayor burocracia local significaría un mayor poder local, lo que está lejos de haber sido demostrado y que reafirma el refrán popular, recogido en la canción de “Los Prisioneros”: “dividir es debilitar”.

La guinda de la torta de esta situación es la elección de los gobernadores regionales, que presidirán el gobierno regional, pero que funcionarán en paralelo a los delegados presidenciales, quienes ocuparán el rol de los actuales intendentes: ser la persona designada por el presidente de la República para la administración de la región. Algunos pensarán que el hecho de ser electos aumentará su poder de decisión, pero eso es altamente cuestionable, considerando que las atribuciones deben ser determinadas por la ley y no por la cantidad de votos. Finalmente se terminará provocando una distancia enorme entre las expectativas generadas por personas con muchos votos versus su posibilidad real de hacer cambios para la comunidad.

Una idea positiva podría ser volver a que las regiones sean macrozonas geográficas del país y que estén conformadas por varias ciudades importantes, con una autoridad local potente, que en conjunto le hagan el contrapeso necesario a Santiago.

El problema de algunos países europeos, como España, y de otros países de la región, como Argentina y Brasil, es que con el discurso de la descentralización generaron un exceso de burocracia que hoy es incontrolable y que no ha redundado en mejorar la calidad de vida ni las oportunidades para las personas que viven en las regiones. Hasta hace algún tiempo Chile se había caracterizado por hacer políticas públicas de calidad. Una buena idea sería seguir en esa línea y dar pie atrás a una idea que avanza como el Titanic, camino a un choque de proporciones.

Fuente: Voces La Tercera.