Instituto Nacional: Crónica de una muerte anunciada – Voces La Tercera

Estas últimas semanas han estado marcadas por los lamentables hechos de violencia provocados por algunos  alumnos del Instituto Nacional. Según datos de la municipalidad de Santiago, se han lanzado en promedio 67 bombas molotov al interior del establecimiento en los días de manifestaciones.

La situación anterior es altamente preocupante, no solamente por la peligrosa situación generada y el alto riesgo que existe para toda la comunidad, como estudiantes, profesores y funcionarios. También significa un problema institucional que pone en la encrucijada a este famoso colegio.

Quienes hemos pasado por las aulas del Instituto Nacional, sabemos el tremendo aporte que ha significado  para la vida de miles de estudiantes. Ha sido un emblema de la vida republicana chilena, y también uno de los principales motores de movilidad social para miles de jóvenes, de las más diversas realidades.

Si no fuera por el Instituto Nacional, quizá muchos no podríamos haber accedido a una educación del más alto nivel, o haber podido estudiar lo que quisimos, donde quisimos, lo que ahora nos permite intentar ayudar a nuestras familias.

Además de entender los beneficios que ha generado históricamente este colegio, sabemos que el problema de la violencia no ha nacido ahora, sino que ha sido una pendiente resbaladiza a lo largo de los años. Si bien aquella violencia tenía un cariz completamente diferente al actual, también era condenable y muchas veces se hizo oídos sordos a las advertencias que se hacían.

La más importante forma de violencia que se ejercía era la completa normalización de las tomas como manera legítima de manifestarse, y la complicidad de muchos profesores y autoridades del colegio.

Muchos de quienes ahora ponen el grito en el cielo, son los mismos que azuzaron las tomas, otorgaban apoyo y respaldo, implícito y explícito, a dichas manifestaciones. Recuerdo aquellas asambleas eternas, donde la toma era el “desde” y muchas veces quedaban postergadas a los puntos finales de la tabla, las razones por las cuales manifestarse y ni que hablar de un petitorio.

Cuando entendemos que una toma es vulnerar el derecho del resto de los estudiantes a educarse, es irrelevante el carácter aparentemente “democrático” de dicha manifestación, pues ninguna votación puede pasar a llevar los derechos esenciales de las personas.

Cuando algunos profesores y autoridades dieron la señal de que aquella manera de manifestarse era una forma legítima, lo que dijeron es que se pueden lograr objetivos de manera violenta, a pesar de que como consecuencia se vulneren derechos. Esto es, exactamente, aunque en una fórmula más extrema, lo que justifica el lanzamiento de bombas molotovs. La misma lógica, solo cambió la forma de ejercer esa violencia.

Sin lugar a dudas la situación actual es angustiante. Sin embargo, está lejos de ser sorprendente. Si seguimos justificando actos de violencia, por comunes que sean, los problemas como los actuales del Instituto Nacional se seguirán repitiendo una y otra vez.

Fuente: Voces La Tercera.