Las AFP no son el problema – La Tercera

Este último tiempo ha estado marcado por la discusión sobre las pensiones. En buena hora llegó un tema tan importante para el futuro de tantos chilenos y el presente de tantos otros. Sin embargo, como en muchos otros ejemplos, de un diagnóstico que muestra un problema real, se sacan conclusiones que terminan siendo erróneas, sobreestimadas, malintencionadas o ideológicas.

Nuestro actual sistema de pensiones tiene algunas respuestas a problemas que afectan a otros sistemas en el mundo. Entre ellos destaca la alta deuda que enfrentan los países por este tema, la disminución de la población económicamente activa versus los jubilados, la inversión de los ahorros y por tanto la rentabilidad de estos, y, por último, y no menos importante, la propiedad que tiene cada una de las personas sobre su propio fondo de pensión.

Sin embargo, también se ha visto afectado por problemas similares a los que tienen en discusión los diversos sistemas de pensiones en el mundo: el aumento de la esperanza de vida, las lagunas laborales, las bajas remuneraciones y las expectativas generadas. Y sobre todo, unas pensiones que son menores a las expectativas de la población y la eventualidad de que ciertos grupos privilegiados reciban excelentes pensiones frente a una mayoría que solo obtiene recursos muy limitados.

Ante este escenario, tras la arremetida del movimiento “No + AFP” -cuyos dirigentes proponen un sistema de reparto-, la izquierda política y gran parte de la centroizquierda hizo propio el discurso de que, para mejorar las pensiones, deberíamos excluir de cualquier solución a las AFP. Sin duda apuntan a contentar a la supuesta opinión dominante. Lamentablemente esa visión carece de honestidad intelectual y de un verdadero propósito para mejorar las pensiones en Chile.

En primer lugar, no es real que las AFP sean parte del problema, pues su única misión es administrar los fondos de pensiones de propiedad de los chilenos. Y, por tanto, es injusto atribuirles la causa de las bajas jubilaciones en nuestro país. En las propuestas contrarias a las AFP no se señalan con claridad cuánto sería la jubilación esperada para las distintas personas y cómo la financiarán.

En segundo lugar, si se demostrara empíricamente que las AFP tendrían mejores resultados que el nuevo “ente” y que en definitiva tuvieran como resultado mejores pensiones para los chilenos, igualmente sectores políticos se opondrían a que ellas tuvieran la administración del 4% de cotización adicional. Esto demuestra que los intereses son ideológicos o políticos y no razones técnicas que permitan que los chilenos vivan mejor.

Por último, cabe preguntarse qué cosa distinta podría hacer el “ente” que va a permitir tener un resultado más eficiente al de las actuales AFP, y la respuesta no es fácil encontrarla.

Es necesario dejar atrás el populismo y la descalificación y pasar adelante con las ideas efectivas para mejorar las pensiones. Lo que debe interesarnos y en lo que debemos ser intransigentes es en procurar mejores pensiones para todos los jubilados, que es la tarea de un buen sistema, una adecuada política pública y un trabajo serio de nuestros dirigentes.