Modernización del Estado: Un asunto de justicia – El Líbero

“Todo Estado es evidentemente una asociación, y toda asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres, cualesquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser bueno”. Así comienza la Política de Aristóteles, apuntando a algo que nos debiese parecer claro después de tantos años: que el Estado existe entre nosotros para alcanzar el bien común, de manera tal que para cada integrante de la comunidad política sea más fácil alcanzar el buen vivir.

A lo largo de la historia occidental, gradualmente se ha refinado el concepto de Estado, haciéndose cada vez más compleja su relación con el ser humano. Han existido periodos en que los funcionarios públicos, burócratas o agentes estatales lograron acumular para el Estado cantidades inmensas de riquezas y amplios poderes, dando origen a largos periodos en que no se respetó la dignidad de la persona humana. Durante el siglo XX muchos pueblos sufrieron la vulneración de sus libertades por parte del Estado debido a la existencia de doctrinas e ideologías políticas tendientes a que éste se hiciera cargo de llevar a la plenitud la naturaleza humana. En varios países también el hombre intentó delegar su dignidad en el aparato estatal, lo cual resultó en un lamentable atropello de la misma, tanto para víctimas como para victimarios.

Hoy se visualiza con mucha más claridad que el aparato estatal es una herramienta de fomento para el bien común, lo cual necesariamente implica respetar como algo sagrado la dignidad humana dejando amplios espacios para que cada persona despliegue su libertad y responsabilidad personal.

La herencia de este último período en la historia de la organización del Estado es una gran diversidad de sectores sobrerregulados o regulados deficientemente, es decir, con incentivos incorrectos y con un foco de largo plazo errado. Por esto, y atendida la revolución tecnológica en que nos encontramos inmersos, es necesario hacer un doble análisis. En primer lugar, si es conveniente tener agencias y oficinas estatales con presupuestos y personal abultados y que, a pesar de ello, resultan incapaces de cumplir las funciones que les han sido asignadas. En segundo lugar, es prudente reflexionar en cada caso si la función que desempeña o el servicio que presta una determinada entidad de la administración estatal está en sintonía con la dignidad de la persona humana, así como la necesidad de que sea realizado por el Estado o si, por el contrario, puede ser prestado de mejor manera por los privados bajo un marco regulatorio que permita al Estado ejercer la fiscalización del mismo.

Junto a estos criterios, es necesario tomar conciencia de que el PIB de Chile ha crecido a tasas muy altas durante los últimos 40 años, lo cual ha permitido que el estado chileno tenga mayores recursos económicos y humanos disponibles para desempeñar su labor de promoción del bien común. En este contexto de mayores posibilidades se ha vuelto una necesidad imperiosa profundizar la modernización y tecnologización de las entidades estatales, así como la profesionalización y perfeccionamiento de los funcionarios públicos, no solo en un sentido técnico de su quehacer, sino que estén profundamente empapados de que realizan una labor de servicio en pos del bien común, con recursos de todos los chilenos.

La sociedad está en posición de hacer aquello que siempre ha sido necesario: elevar las exigencias y la eficiencia en la gestión de los recursos públicos por parte del Estado. Esto obedece a un gran sentido de responsabilidad civil, pero, sobre todo, muestra un gran sentido de la justicia, en la medida que el erario público es provisto regularmente por el trabajo de cada ciudadano, mediante los impuestos que enteramos día a día: IVA en cada compra, impuesto a la renta y una serie de impuestos específicos sobre bienes y servicios.

No se trata solo de un análisis económico del gasto de recursos públicos, sino sobre todo si no se pasa a llevar la dignidad del hombre que, persiguiendo su propio fin particular, necesita relacionarse con administración del estado para contribuir al bien de todos con su trabajo y responsabilidad.