La elecciones del Reino Unido 2019 – El Imparcial

La contundente y para muchos inesperada victoria de Boris Johnson sobre Jeremy Corbyn han despertado las más diversas reacciones y análisis, muchos de ellos todavía marcados por la incomprensión de lo que ha vivido Gran Bretaña en los últimos años.

El triunfo del Brexit el 2016 golpeó a las encuestas y fue considerado un verdadero terremoto político, que fracturó a la sociedad británica, que hasta el día de hoy no ha podido resolver su salida de la Unión Europea. También tuvo otros costos para el propio gobierno británico del Partido Conservador, que significaron la dimisión de David Cameron ese mismo año y de Theresa May a mediados de 2019. Esto último permitió la llegada de Boris Johnson a Downing Street: hombre inteligente, pero de mala prensa, que rápidamente recibió los peores epítetos -se le calificó directa u oblicuamente de fascista-, hubo ataques por su vida amorosa, continuas referencias a su excentricidad y asociaciones simbólicas con el norteamericano Donald Trump.

Por su parte, el Partido Laborista levantó la candidatura de Jeremy Corbyn, quien durante años había estado luchando por el liderazgo de la izquierda británica. Con una propuesta más radical y extrema, logró darle nueva vida al laborismo con un sólido triunfo en las elecciones internas del partido, que adoptó así una fórmula atractiva para sus bases y sobre todo los jóvenes, pero que corría el riesgo de alienar a sectores moderados. Adicionalmente, el corbynismo tenía escaso apoyo en el Parlamento, pero su gracia estaba en otra parte: en la sociedad, en el pueblo, en los sindicatos, en la “la calle”, en una fórmula que ya experimentaban otras izquierdas continentales como Podemos en España y Syriza en Grecia. Con ello, un grupo que había permanecido al margen de las decisiones en la era de Tony Blair, ahora retomaba la dirección de los laboristas con la ilusión de la juventud y una cierta ilusión revolucionaria rediviva. En un interesante artículo de Robin Blackburn, representativo de estos nuevos aires, aseguraba lo siguiente: “La gran ventaja de Corbyn en el momento político actual es que es un representante genuino del igualitarismo, uno de los pocos políticos del Reino Unido en cuya boca el término «justicia» no se convierte inmediatamente en cenizas” (“El proyecto Corbyn”, New Left Review 111, Julio-Septiembre 2018). Chantal Mouffe, la teórica del “populismo de izquierda”, aseguraba hace algún tiempo que el caso más interesante de trabajo en propuestas alternativas al orden neoliberal era precisamente el de Corbyn (NUSO, N° 281, mayo-junio 2019), asegurando que él mostraba el camino y representaba el éxito de esa fórmula, por tener “un manifiesto radical” y una “magnífica movilización”, según afirmó en Le Monde en abril de 2018. Pese a ello, Blackburn, en su artículo en la prestigiosa revista británica concluía con una ambigua declaración, reconociendo que si bien la izquierda laborista “tiene ahora una posibilidad real de hacerse con el gobierno, todavía sigue siendo muy débil”. Era un momento en que se presumía un gobierno de May hasta 2022, lo que finalmente no ocurrió.

En el gran tema de campaña y de la política británica de estos últimos años, Johnson y Corbyn tuvieron posturas claramente diferenciadas. El conservador se manifestó partidario decidido de seguir con el proceso del Brexit, mientras Corbyn aseguró que se “mantendría neutral” en un eventual segundo referéndum sobre el tema. Hay otros temas que reflejan el cambio que ha vivido Gran Bretaña en los últimos años, particularmente en la radicalización del discurso izquierdista. El Manifiesto del Partido Laborista del 2019 tiene algunas propuestas que parecían de otra época: la nacionalización de industrias clave, como las grandes empresas de energía y ferrocarriles, asegurando que las demás compañías serían supervisadas por el gobierno. Otro aspecto era el de abolir las escuelas privadas, que si bien no operaría por el momento, sí eliminaría su carácter tributario especial. Otras propuestas implicaban incrementar significativamente el tamaño del Estado.

Por su parte, el Manifiesto del Partido Conservador para el 2019 proponía aumentar levemente el gasto (1% del tamaño de la economía) y los impuestos; propone fijar un sistema de puntos para la inmigración (similar al sistema australiano); reducir la pobreza, especialmente infantil. Sin embargo, no cabe duda que el tema de fondo que planteaba Johnson era el número 2 del Manifiesto: Dejar la Unión Europea en enero de 2020.

El resultado, como sabemos, favoreció ampliamente a Johnson sobre Corby, y se han explicado muchas cosas: que los laboristas no tenían una derrota similar desde la década de 1930 y que los conservadores retoman la ofensiva victoriosa de Thatcher en los años 80. Como noticia positiva, han aumentado quienes ahora prefieren entender el complejo proceso político británico y el Brexit, antes que ser capturados por sus propios prejuicios. Asimismo, quedará tiempo para análisis más finos de encuestas y resultados. En esto último, por ejemplo, vale la pena revisar algunos números: los conservadores obtuvieron 13.966.565 votos (43,6%), que les permitió lograr 365 bancas; los laboristas lograron 10.295.607 sufragios (32,3%), con 203 parlamentarios; el Partido Nacional Escocés obtuvo un 3,9%, producto de 1.242.372 votos, obteniendo 48 bancas; por su parte los Liberal Demócratas solo 11 bancas, a pesar de sus 3.696.423 votos y su 11.6%.

La distribución por sexo muestra que los hombres votaron el 48% por los conservadores y solo el 29% por los laboristas, mientras que se estrecha en mujeres (42% contra 36%). En cuanto a los votos por edad, el apoyo a la izquierda es muy superior en los jóvenes: 57% entre 18 y 24 años y 55% entre 25 y 34 años, frente a solo 19 y 23% respectivamente para los conservadores. La situación se revierte a favor de Johnson en los mayores de 65 años (un lapidario 62% contra el 18%), mientras entre 55 y 64 años la diferencia también es sustancial: 49% contra 27% (todos los datos en Lord Aschcroft Polls, 13 de diciembre de 2019).

Gran Bretaña inicia una nueva etapa que no será fácil para ella, ni tampoco para Europa. Las expectativas son muchas y también hay ojos puestos esperando los errores y problemas. En el Partido Laborista, contra los augurios de los últimos dos años, hay más voces reclamando contra la radicalización que defendiéndola, y Corbyn ya no representa esa estrella fugaz que parecía despertar el ideal dormido de reconstruir una izquierda abandonada tras la victoria cultural del thatcherismo y la “abdicación” ideológica de Tony Blair y su “tercera vía”. Sin embargo, la política es muy dinámica, especialmente en estos tiempos de indignación e incomprensiones, por lo que habrá que estar atentos al curso de los acontecimientos de una de las democracias más largas y sólidas del mundo.