Nueva Constitución: ni nueva, ni necesaria – Voces La Tercera

El 17 de diciembre de 2005, en un impecable y concurrido acto en el Palacio de La Moneda, el entonces presidente Ricardo Lagos colocaba su firma junto a sus ministros en la constitución de 1980, con lo cual procuraba borrar el nombre del general Pinochet y tener una Constitución “de todos los chilenos”. El jefe de Estado, en un discurso aclamado por la audiencia allí presente, nos señalaba: “Chile tiene desde hoy una nueva Constitución que ya no nos divide… tenemos razones para celebrar; tenemos hoy, por fin, una Constitución democrática. acorde con el espíritu de Chile, del alma permanente de Chile” 

 ¿Qué pasó entonces? Apenas 14 años después parece ser, al menos para un sector de la población –de forma fundada en algunos casos y oportunista en otros–, la causante de todos los problemas que nos aquejan como sociedad, existiendo una especie de sensación colectiva de que todo se solucionará si se produce una refundación constitucional, que cambiará todo el modelo social, político y económico. El argumento central es que tendríamos una crisis de legitimidad constitucional, que reemergió de forma nítida tras el 18 de octubre y que hasta el día de hoy nos tiene en vilo, ya que al ser la Constitución la madre de todos los males, pasa a dividir la lucha política entre malos y buenos, en donde por cierto quienes la apoyan, naturalmente, avalarían todas las injusticias que se le atribuyen a la Carta Fundamental.

Pero, ¿fue eso lo que pedían los chilenos cuantos se manifestaron durante estos últimos meses?, ¿es acaso el fin y objetivo de las movilizaciones una nueva constitución? ¿es lo que necesitan los jubilados, la gente que vive en la pobreza o quienes han quedado al margen del progreso? En otro plano, si cambiamos la constitución ¿se agotan todos los males que se le atribuyen? Naturalmente la respuesta es no. 

Millones de chilenos salieron a las calles a manifestar una serie de injusticias que día a día les toca enfrentar, lo que algunos entendemos como urgencias sociales. Estas no pueden ni deben seguir esperando, tales como mejorar pensiones, seguridad, calidad de la educación, salud pronta y trabajo bien remunerado, son los problemas del Chile real y por los cuales mostraban su preocupación. Tema aparte es la discusión constitucional, ya que sectores de izquierda con mucha audacia canalizaron sus intereses ideológicos a través de estas manifestaciones, para instalar su eterno demanda por una “Nueva Constitución”, y qué mejor oportunidad que esta para instalarlo. Recordemos que en las últimas elecciones presidenciales los candidatos que promovieron asambleas constituyentes para crear una Nueva Constitución, perdieron, y fue justamente el entonces candidato Sebastián Piñera quien ganó. En su programa de gobierno no prometía un cambio constitucional, quedando demostrado que por la vía democrática resultaba imposible para estos grupos obtener sus caprichos ideológicos.

No es coincidencia, que los mismos que han planteado el cambio constitucional hayan perdido en las urnas de forma sistemática. El chileno sabe que en los últimos años nos ha ido bien como país, hemos logrado combatir la pobreza como ningún país de la región, un alto porcentaje de la población tiene acceso a servicios básicos, nuestro crecimiento económico ha permitido a cientos de compatriotas acceder a mejores oportunidades, incluso a casa propia y en su mayoría un trabajo estable. ¿Ha sido todo eso suficiente? Por supuesto que no, por cuanto seguimos teniendo problemas e inequidades que no son aceptables, es necesario mejorar la calidad de vida de todos y cada uno de nuestros compatriotas. Sin embargo, es claro un dato que no podemos dejar de mencionar: bajo esta Constitución, Chile ha sido un país más próspero, estable y mejor para todos y que al alero de esta misma se pueden mejorar todas estas injusticias sociales.

Hoy nos encontramos ante una gran disyuntiva, la cual consiste en seguir avanzando como país, resolviendo las problemáticas que tienen los chilenos y que este movimiento ha mostrado con más claridad, esas urgencias sociales que ningún chileno cuestiona. Por otro lado nos encontramos con quienes históricamente han planteado lo mismo, cambiar la Constitución a toda costa, como decía Fernando Atria en su su libro “La Constitución Tramposa”: “el problema constitucional tendrá que solucionarse por las buenas o por las malas”. Hoy están triunfando las malas, lamentablemente.