Cifras, proyecciones y estadísticas – El Líbero

En el actual contexto de crisis sanitaria y económica, las proyecciones y estadísticas se han apoderado de gran parte de los espacios informativos. Diariamente vemos cómo las cifras en torno a la pandemia no solo toman la atención de los espectadores, sino que también ejercen una decisiva influencia en las autoridades y todos quienes deben tomar decisiones claves para enfrentar la crisis en el futuro próximo.

¿Será que las estadísticas, cifras y proyecciones llegaron para reemplazar el modelo tradicional? Aquel en que las decisiones se tomaban a partir de la experiencia, donde los números y la aritmética solo eran complementos de un universo complejo y falible, en que los diferentes contextos sociales, culturales y económicos también tenían mucho que decir.

Si bien durante las dos primeras semanas el virus se comportó de manera muy similar a como lo había hecho en España e Italia, con el transcurso de los días las estadísticas demostraron un paulatino “aplanamiento de la curva” epidemiológica, es decir, se logró una estabilidad en el incremento del número diario de contagiados. De la misma manera, las estrategias de control en nuestro país, distan diametralmente de las que han adoptado otros países de la región. Cuarentenas estratégicas o parciales han sido la tónica de las últimas semanas, así como el cambio en las políticas de información de los casos.

Como hemos podido corroborar, hasta el momento en Chile ninguna proyección sobre la pandemia –por muy optimista que pueda ser– ha demostrado ser lo suficientemente acertada, pues aún estamos lejos de las proyecciones que se estimaban para cuando cumpliéramos ocho semanas con el virus presente en nuestro país. Esto es un indicador de que las experiencias comparadas, cifras, estadísticas y proyecciones no son el único elemento de esta compleja ecuación que denominamos “pandemia”. La experiencia, liderazgo y capacidad de reacción son los elementos que permiten tomar las decisiones acertadas ante situaciones particularmente complejas.

Criticar sin más el cambio en la estrategia adoptada para la contabilización de los casos es no entender la verdadera dimensión del problema, que requiere sensibilizar el sistema frente a las cifras de contagiados para lograr la máxima efectividad en las políticas de protección, especialmente de los grupos de riesgo. Esto no quiere decir que los modelos matemáticos sufran de una suerte de “falibilidad intrínseca”, sino que simplemente no pueden reemplazar a las máximas de la experiencia, aquellas que se adquieren en ejercicio de un cargo público, o, sencillamente, son el fruto de la prudencia, aquella virtud que nos viene dada por la razón.

Entonces, el escenario actual exige que vayamos mucho más allá de los números, más allá de las comparaciones con otros países, otros contextos, y por tanto, otras cifras y proyecciones. Debemos centrarnos en nuestra propia realidad nacional, confiar en los criterios que las autoridades y asesores tengan en cuenta al momento de tomar decisiones cruciales, y por sobre todo, ser ciudadanos activos en el cumplimiento de nuestra responsabilidad social, aquella que consiste en promover el bien común, y la protección de cada uno de los integrantes de nuestra sociedad.

Este último aspecto resulta fundamental, pues es responsabilidad de los ciudadanos tomar las medidas de resguardo comunicadas por la autoridad. Al revés, pretender que estas sean implementadas por la fuerza pública solo termina siendo perjudicial y atenta contra el sentido común.

En este contexto, no solo es relevante contar con información suficiente, sino realizar un esfuerzo por comprender y hacer que esta información sea clara y accesible. Solo para ilustrar, de nada sirve que la prensa comparta cifras y estadísticas si estas no se contextualizan ni contribuyen a una verdadera comprensión del escenario actual, que por lo demás nos acompañará en lo sucesivo, y que por tanto exige de nosotros y de todos los actores un esfuerzo aún mayor por informarnos y comunicar de manera responsable.