Superinteligencia: más que un mero cambio de nombre
08.10.2026
Publicado por Ex-ante
La Segunda Guerra Fría está en marcha, y tenemos que prepararnos ante la eventualidad de que Chile sea uno de los “teatros” de operaciones de este conflicto.
La competencia por el desarrollo de la IA entre Estados Unidos y China está en pleno progreso. El más reciente episodio de público conocimiento es la orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos que dispone el cambio de terminología de “Inteligencia Artificial” a “Superinteligencia”, argumentando que los sistemas actuales van mucho más allá de lo que se imaginaba cuando se acuñó el término original, toda vez que ya no solamente imitan aspectos de la inteligencia humana.
Por ahora, este cambio no produce mayor impacto en la carrera de la IA, pero lo que sí es interesante de notar es que nos entrega ideas sobre la percepción que tiene Donald Trump de esta tecnología: es una pieza vital en la relación entre Estados Unidos y el mundo, pero sobre todo, con China.
Este cambio de nomenclatura se produce después de múltiples e infructuosos llamados a pausar el desarrollo de la IA, y da cuenta de una Casa Blanca que está decidida a impulsar su investigación a todo evento.
Algunas voces hablan de una “Segunda Guerra Fría”, que tiene como protagonistas a China y Estados Unidos. Esta idea implica inmediatamente que el conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que se extendió durante la segunda mitad del siglo XX, ha pasado a ser la “Primera Guerra Fría”.
Este es el diagnóstico de los historiadores John Lewis Gaddis y Niall Ferguson. Medios como The Economist también lo han adoptado.
Gaddis es el gran historiador de la Guerra Fría, y en su obra Nueva historia de la Guerra Fría (Fondo de Cultura Económica, 2011) plantea los elementos que caracterizaron dicho conflicto. El primero de ellos es que las superpotencias nunca se enfrentaron directamente en una guerra a gran escala. En segundo lugar, las armas nucleares crearon un punto muerto letal, en el que ambos bandos temían la destrucción total. Un tercer elemento fue la existencia de una rivalidad que se desarrolló a través de guerras indirectas, espionaje, propaganda y carreras armamentistas en todo el mundo. Finalmente, fue un enfrentamiento entre dos formas opuestas de organizar la sociedad y el mundo moderno.
Si reemplazamos la tecnología nuclear por la IA, podemos constatar que todos los elementos de Gaddis están presentes hoy.
Se trata de una competencia enmarcada en un conflicto geopolítico mucho más amplio, que necesariamente invita a reflexionar sobre el desarrollo de la IA con otra perspectiva. No se trata de una simple carrera tecnológica. Estados Unidos y China entienden que una victoria en la carrera por el desarrollo de la IA se traducirá en una ventaja militar y económica por sobre su rival.
Tal como lo fue el desarrollo de la tecnología nuclear en la Primera Guerra Fría, el desarrollo de la IA es el campo de batalla más visible para la opinión pública.
El que logre ser el primero, el mejor y el más avanzado será, a los ojos del mundo, la superpotencia dominante. Ante los llamados a pausar el desarrollo de la IA, ambas naciones descartaron la posibilidad, ya que vieron el peligro de quedar rezagados frente al rival.
Por ahora, la Segunda Guerra Fría parece estar en una fase no letal, y aún así domina la política exterior de un país como el nuestro y, además, influye en la política económica, de defensa y de seguridad nacional. ¿Cómo nos afectará esta nueva confrontación de superpotencias?
En primer lugar, el desarrollo de la IA y sus tecnologías asociadas requiere de minerales críticos y tierras raras: Chile los tiene en abundancia y sin mayor explotación, lo que presenta un escenario alentador, considerando especialmente que el objeto de las potencias es asegurar reservas y suministros de cara a la competencia, y no necesariamente comenzar una explotación inmediata.
En segundo lugar, la construcción de data centers será un escenario del conflicto cada vez más relevante: ¿qué empresas construirán estas instalaciones? ¿A quién prestarán servicios de almacenamiento de datos? ¿Qué rol jugarán los gobiernos de China y Estados Unidos en estas inversiones?
Finalmente, años atrás era posible mantener relaciones económicas y comerciales con independencia de la existencia o ausencia de cooperación en seguridad y defensa. ¿Será posible, en este nuevo contexto, mantener relaciones de carácter exclusivamente comercial con una, sin que la otra se resienta y exija más colaboración en defensa o seguridad?
¿Será factible mantener lazos históricos de colaboración militar y policial sin que esto genere la molestia de un socio principalmente económico?
Estas interrogantes hacen necesario comenzar a mirar el escenario mundial con una óptica de guerra fría. Parece necesario que Chile estudie las dinámicas de la Primera Guerra Fría y cómo afectaron a países que estuvieron más expuestos que el nuestro.
La Segunda Guerra Fría está en marcha, y tenemos que prepararnos ante la eventualidad de que Chile sea uno de los “teatros” de operaciones de este conflicto.
Álvaro Iriarte
Abogado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Master en Artes Liberales de la Universidad de Chicago. Miembro del Consejo Asesor del Master de Artes Liberales de la Universidad de Chicago (2024).
Director de Contenidos del Instituto Res Publica. Académico Facultad de Derecho de la Universidad San Sebastián.