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OPINIÓN

Nuestro cobre. Riqueza, historia y futuro

Para Chile, este 2021 ha comenzado con buenas noticias en el plano económico. El precio del cobre se acerca a los U$4 la libra, es decir está cerca de su máximo precio histórico, lo que significa prácticamente haber duplicado su precio en doce meses. Esto permite augurar un mejor año para el país, la reactivación económica y los recursos fiscales, lo que vislumbra una situación positiva, especialmente valiosa después de un año y medio de soportar los efectos de la revolución de octubre, de la pandemia del coronavirus y la consiguiente disminución de la actividad económica.

En julio de este 2021, adicionalmente, se cumplirá medio siglo desde la Nacionalización del Cobre, aprobada en forma unánime por el Congreso Nacional en el primer año del gobierno de la Unidad Popular, y que representaba una de las máximas aspiraciones de la “vía chilena al socialismo”. Con ello, además, culminaba el camino emprendido por el presidente Eduardo Frei Montalva, con la Chilenización del Cobre y luego con la Nacionalización Pactada. El presidente Salvador Allende, en un discurso en Rancagua, sostuvo que era “el Día de la Dignidad Nacional”, que también podía llamarse “el Día de la Solidaridad”.

Quilapayún, grupo de la Nueva Canción Chilena y comprometido con la revolución socialista, cantó posteriormente una canción alusiva al momento histórico vivido por Chile –compuesta por Eduardo Yáñez– y que se titulaba simplemente “Nuestro cobre”. Además de tener una letra interesante y atractiva, llama la atención su profundo sentido ideológico, contenido en algunos versos: “Nuestro cobre/nacido entre los cerros/y robado por manos extranjeras/cambiado por dinero”; “has vencido para bien de los chilenos/ya no seremos pobres”; “De tus frutos saldrá la vida nueva/vendrán tiempos mejores./Para siempre el cobre está en las manos/de los trabajadores”.

El presidente Allende precisó el sentido de esta convicción: “Lo hemos dicho, y sabemos que se entiende nuestro lenguaje: los trabajadores del cobre no serán dueños de las minas para beneficio exclusivo de ellos. Son dueños de las minas en cuanto las minas le pertenecen al pueblo y los trabajadores del cobre forman parte del pueblo. Pero los trabajadores del cobre tienen que entender, lo saben y lo van a vivir, que el esfuerzo de ellos estará destinado a hacer posible que cambie la vida del niño, la mujer y el hombre de la tierra chilena; que el esfuerzo de ellos y el cobre estará destinado al progreso de la patria, y que al sudar trabajando en el fondo de la mina, lo están haciendo por un Chile distinto, por una sociedad nueva, por el camino que abrimos hacia el socialismo”.

Después de medio siglo la situación de Chile y de su economía es muy distinta a la época del estatismo, del cobre como “sueldo de Chile” o “viga maestra de la economía”, como se le denominó en su momento. Es verdad que el cobre –y la minería en general– sigue siendo fundamental para la economía nacional y su precio alto representa un porcentaje importante del crecimiento económico del país en el largo plazo, pero no representa ni de lejos lo que significó durante gran parte del siglo XX, al menos por dos razones.

La primera, es porque se produjo una revolución económica que multiplicó las exportaciones en áreas muy diversas y la creación de riqueza tiene fuentes muy diversas. La segunda es porque la minería se abrió a la inversión extranjera, que hoy representa gran parte de la producción nacional. Esta nueva realidad nos puede permitir mirar el asunto con una perspectiva más abierta y con sentido de futuro, pensando en la forma de ampliar los beneficios que produce la minería a la sociedad chilena, y específicamente las empresas estatales.

Una alternativa que podría evaluarse en el próximo tiempo es incorporar capitales privados a CODELCO, en una proporción que podría ser del 20% o 25%, por ejemplo, o quizá podría comenzar con alguna de sus empresas y seguir luego con las otras. Una posibilidad sería conservar el capital y gastar solo los intereses, que eventualmente se pueden destinados a pensiones solidarias para aquellas personas de más edad y de menos recursos. Esto contribuiría a que cada compatriota tenga mejores condiciones de vida durante sus últimos años, lo que no excluye que un porcentaje de las cotizaciones previsionales sea para un fondo solidario o que el Estado comprometa recursos para este mismo fin por otras vías: de lo que se trata es que la sociedad, el Estado y las personas contribuyan solidariamente a que todos vivan mejor. Otra posibilidad es entregar acciones de la cuprífera a cada persona que cumpla 65 años, de manera de que reciba los beneficios anuales hasta su muerte. Ciertamente se pueden explorar otras fórmulas, que permitan ampliar el beneficio social de CODELCO, generar un auténtico sentido nacional de su propiedad y servir a una política pública de indudable urgencia.

El cobre y la minería seguirán siendo parte de la vida y del desarrollo nacional en las próximas décadas, y ciertamente continuará siendo parte del debate ideológico y económico como fue durante tantas décadas en el siglo XX, según ilustra el interesante libro de Joaquín Fermandois, Jimena Bustos y María José Schneuer, Historia política del cobre 1945-2008 (Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2009). Hacia el futuro, se trata de una materia donde no cabe el ideologismo, el inmovilismo ni la falta de creatividad: por el contrario, se requiere inteligencia, sentido público y convicción sobre las urgencias sociales. Esa será una manera extraordinaria de darle a “nuestro cobre” la posibilidad de seguir sirviendo a Chile con el mayor y el mejor impacto posible.