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OPINIÓN

Entrevista José Francisco Lagos en el Mercurio

José Francisco Lagos, abogado y director ejecutivo del Instituto Res Publica:

“El riesgo del acuerdo es que alimente la impresión de la ciudadanía de que sus prioridades no son las del sistema político”

También señala que solo se podrán evaluar las garantías del nuevo proceso “una vez que conozcamos los resultados y no solamente las intenciones ni el entusiasmo inicial

Por: E. Monrroy

“No es el ideal, pero es lo razonable”, dice el director ejecutivo del Instituto Res Publica, José Francisco Lagos, abogado y conductor del programa “¡Llegó la hora!”, de radio Agricultura, acerca del nuevo proceso constitucional, actualmente en tramitación en el Congreso. El también columnista aborda los obstáculos que, a su juicio, deja el reciente acuerdo político y los desafíos de la centroderecha.

—Antes del acuerdo usted apeló en columnas a no repetir un proceso fracasado. ¿La reforma entrega esas garantías?

—El acuerdo quedó a medio camino entre repetir el proceso anterior, que hubiese sido una irresponsabilidad, y dejar la discordia constituyente en manos del Congreso, que hubiese sido lo correcto. El acuerdo no es ideal, pero es razonable. Sin embargo, solo podremos evaluar las garantías del acuerdo una vez que conozcamos los resultados y no solamente las intenciones ni el entusiasmo inicial. Siempre existirá el riesgo de que quienes están sujetos a las reglas de este acuerdo decidan incumplirlas, tal como en el proceso anterior. 

—”La política no puede ensimismarse en sus propias soluciones y debe escuchar a la ciudadanía”, planteó usted. ¿El acuerdo escuchó a la ciudadanía? Las encuestas han mostrado miradas divididas…

—Claramente, el proceso constituyente no es una prioridad de la ciudadanía. Aunque también es evidente que la discordia constitucional tiene que zanjarse. Ese equilibrio presenta algunas dificultades, pero hoy tenemos más información que antes para enfrentarlo. La ciudadanía habló claro en septiembre: no quiere la refundación de Chile, sino una democracia estable y condiciones que permitan el progreso de las personas y sus familias.

—¿Cuáles ve como los principales obstáculos del acuerdo?

—El principal riesgo es que el acuerdo y el nuevo proceso confirmen y alimenten la impresión de la ciudadanía de que sus prioridades no son las prioridades del sistema político. En un contexto de inseguridad, crisis económicas y desprestigio generalizado de las instituciones eso puede ser pasto seco para proyectos populistas. Otro obstáculo es el proyecto refundacional de la izquierda. Si la izquierda no renuncia a la refundación, la discordia constitucional no se va a solucionar. Esto lo confirma la frase del Presidente Boric, cuando dice que la derrota en el plebiscito representa un problema de ritmo y no de rumbo. Si la izquierda no vuelve a abrazar los valores republicanos, más temprano que tarde, volverá a poner a la Constitución, esta vez la nueva, en el centro del debate político.

—¿Ve convencida de este proceso a las fuerzas más a la izquierda que firmaron el acuerdo?

—El problema que tiene la izquierda es que se convenció de un proyecto refundacional y, con eso, abandonó los valores republicanos que han sido un piso común para todas las fuerzas políticas. Mientras no renuncien a ese proyecto refundacional, su compromiso con el proceso y con la nueva Constitución será mínimo, táctico, y cualquier solución a la actual discordia constitucional, inestable. 

—¿Qué le ha parecido el rol del Ejecutivo en estos diálogos? ¿Debería ser prescindente?

—El Gobierno no tiene alternativa. Solo puede ser presidente. En los hechos su capacidad de incidencia es mínima, porque, primero, apoyaron el proyecto de la Convención que fracasó, con lo cual perdieron credibilidad para ser un actor y mucho menos un árbitro del nuevo proceso. Y segundo, porque hoy están desbordados en la tarea más elemental que tienen: gobernar.

—En cuanto a la centroderecha, ¿cómo vio el liderazgo de las directivas de Chile Vamos? ¿Pagaron un costo luego de apostar a una nueva Constitución, pese a la resistencia de sus bases?

—Hubo una evolución positiva en cómo las directivas de Chile Vamos enfrentaron la negociación. Al principio parecía primar la pauta del Gobierno, en cuanto a una negociación rápida y parecida a la Convención. Después, gracias a presiones desde dentro y fuera de Chile Vamos, se definió otra estrategia. En el ambiente político actual optar por una estrategia propia, incluso asumiendo las críticas del propio sector, es un bien escaso y es respetable. Sin embargo, aún es pronto para evaluar si esa estrategia es positiva o no. Hay a lo menos tres hitos que son claves en la evaluación: La elección de consejeros, el resultado del plebiscito de diciembre y la puesta en marcha de la nueva Constitución. 

Si este acuerdo constitucional no nos conduce a una buena Constitución, será un fracaso, independiente del proceso. 

—¿Chile Vamos debería repetir una alianza con Republicanos o explorar otros pactos con fuerzas como los Amarillos?

—Lo primero debería ser definir el objetivo. Me parece que el objetivo principal debería ser alcanzar una mayoría razonable dentro del Consejo. Una mayoría de todos los partidarios de nuestra tradición constitucional y de las libertades fundamentales. Esto hace que el estándar a cumplir para formar alianzas sea menos estricto que para una coalición de gobierno, por ejemplo. Con la definición, el espectro que cabe en ese espacio va desde Demócratas hasta Republicanos. Si por diferencias políticas no hubiese voluntad para un acuerdo así de amplio, no hay que olvidar que existen otras formas de colaboración electoral. 

—¿La coalición opositora debiera aislar a Republicanos?

—Sería un error. En los momentos que vive Chile, y en particular en las discusiones que estamos enfrentando, el deber es sumar y no restar. La clave está en definir los objetivos y poner énfasis en las cosas que unen y no en aquellas que dividen. 

—Como ex estudiante del Instituto Nacional, ¿cómo ve la crisis educacional que atraviesan los colegios públicos? ¿Qué falta para llegar a soluciones?

—Veo que la crisis actual en los liceos emblemáticos es una crónica de una muerte anunciada. Desde hace varios años se fueron tolerando diversos actos violentos, que se terminaron transformando en una pendiente resbaladiza que hoy es incontrolable. Este problema desbordó a la Municipalidad de Santiago y cada administración parece incapaz, aunque quiera, de resolver esto. Un paso inicial debería ser condenar en serio la violencia. Esto no puede ser algo meramente discursivo. No sacamos nada con reparar los colegios, si al día siguiente los mismos de siempre los van a destruir e incendiar. Desde ese punto de vista, la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, está al debe. Lamentablemente, esto es una conducta transversal en la coalición de gobierno, incluso el Presidente Boric ha hecho lo propio al indultar a las personas condenadas por hechos de violencia tras el 18-O. Todo lo que él señaló en sus discursos en contra de la violencia se termina borrando con sus decisiones.